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Cualquiera que coja una enciclopedia o visite Internet puede tener la idea de que no ha habido mujeres pintoras, científicas, inventoras, aviadoras, políticas, filósofas, etc. Esto no es así. El que no aparezcamos nombradas, el que se nos invisibilice, no quiere decir que no hayamos existido y hayamos sido protagonistas de grandes hechos para la Humanidad.
No hay que olvidar que además de un Lenguaje que utiliza mayoritariamente el masculino genérico que no nombra a las mujeres, quienes narran los hechos y tienen el poder de interpretarlos y transmitirlos han sido y son hombres a lo largo de los siglos.
Todos paseamos por Calles que, por lo general, tienen nombres de hombres. No se ven apenas calles que rindan homenaje a las mujeres a través de una placa, como no sean las pocas reinas o vírgenes aceptadas.
Los Historiadores cuentan los hechos históricos de los vencedores, no de los pueblos sino de sus dirigentes, casi siempre hombres, y se olvidan de las conquistas sociales de la mitad de la población que son las mujeres.
No vemos tampoco en los libros de texto, ilustraciones, ejemplos y textos dedicados a ellas. Como tampoco las vemos, merced a la segregación horizontal en trabajos que tradicionalmente se han reservado los hombres para sí.
MUJERES CÉLEBRES EN LA HISTORIA
A pesar del gran adelanto de las mujeres en todos los órdenes y que los pronósticos les aseguran tiempos de liderazgos para el siglo XXI, resulta difícil para aquellos que se acercan a los libros de historia, recibir información de qué aconteció a esa mitad de la humanidad, cuyo devenir en los siglos sigue permaneciendo en las sombras.
En cada país puede existir una heroína o una figura de la ciencia o el arte que sea de conocimiento general, pero en casi todas partes sobran los dedos de la mano para contar cuando se les menciona, y en la mayoría de los casos, pocos son los datos que de ellas pueden compilarse. Muchas son conocidas como "la madre de...", "la hija de ...", "la esposa o la amante de...".
Tal vez lo más próximo y fácil de constatar es la ausencia de nombres de mujeres dados a calles y avenidas de las ciudades. En ocasiones se da su nombre a la calle donde nacieron o murieron las celebérrimas, pero ni siquiera ésta es una regla fija.
En fecha reciente, un grupo de entusiastas alemanas se dispusieron a imprimir un folleto con biografías y retratos de mujeres de cierta relevancia y de distintos países, épocas y esferas de actividad. Llegaron a la triste conclusión - tras consultar las más diversas fuentes - que sólo podían reunir información de un reducido número de ellas y en múltiples casos no encontraron retratos de estas figuras tan importantes.
Acertadamente Virginia Woff apuntaba que la misión de las mujeres en la sociedad, si querían lograr algún espacio en ella, era el de "reflejar como un espejo la imagen de los hombres, al doble de su tamaño original".
Si bien las modelos de los grandes pintores de todos los tiempos han sido sólo eso, anónimas modelos, ningún hombre de estado, del arte o de la ciencia quedó sin ser registrado por un pintor de moda sin la debida identificación.
A ellos se les dedicaron y dedican plazas y monumentos, se acuñan sus rostros en el dinero, y se nombraron en su honor la mayoría de los accidentes geográficos. Tal vez sólo se salvaron de este olvido algunas mujeres devenidas en reinas o emperatrices, cuyo mérito no venia de sus valores personales sino de la absurda genealogía de la sangre.
Historiadores e historiadoras tienen ante si la responsabilidad de romper el silencio - quebrado apenas por un puñado de nombres repetidos circunstancialmente - para devolverles a las mujeres el espacio, la voz y 1a acción olvidados y rescatar del anonimato tanto heroísmo y talento. Porque no es sólo 'injusto sino históricamente inexacto’ ignorar lo que le sucedió y lo que protagonizó la mitad le la población de nuestro país.
Se hace impostergable cambiar el estado de las cosas que arroja hoy un balance tan desfavorable para nuestras mujeres, evitar que se repita lo que es "tan natural" en los libros por los que estudiamos y estudian aún hoy las nuevas generaciones: que se pretenda, apenas con unos párrafos de un grueso volumen o en un par de documentos de una extensa colección agotar la historia de ellas o en las que ellas fueron partícipes, que ha sido tan rica en todos los ámbitos de la vida social, cultural; económica y política del devenir mundial.
Es por ello que cualquier iniciativa, cualquier gesto - por modesto que sea - por develar esa parte oculta de la historia y erradicar el mito de las "grandes mujeres" concebidas sólo a la sombra de maridos o parientes, debe ser apoyado calurosamente. Porque sin contar con la mitad de la población humana ni registrar en la memoria colectiva sus aportes, las posibilidades de desarrollo estarán siempre mediatizadas, serán incompletas e insuficientes y de un sesgo sexista no sólo injusto como también irracional.
En sus comienzos, la historiografía feminista pasó de la descripción de la presencia de las mujeres en la historia, a utilizar enfoques y conceptos de la historia renovada por los anales y por el materialismo histórico (estructura social, relación social, grupos sociales, cambio social, opresión, explotación, modo de producción, clase social, etc.). Coincidió también con aquellas tendencias en su interés por nuevos temas (la cotidianidad, la familia, la educación, el trabajo, el movimiento obrero), y llevó a pensar a las historiadoras feministas que podíamos hacer la "historia total" una vez añadida la presencia y reconocido el protagonismo de las mujeres.
Hoy nos encontramos con un cuestionamiento de esta visión total de la historia, confrontada a una multiplicidad de interpretaciones y de historias locales, regionales, nacionales, de la cultura, de la educación, etc. Entretanto, la historiografía feminista ha ido consolidándose y hoy ya forma parte de esa multiplicidad historiográfica.
De rescatar a las mujeres de las sombras, se ha llegado a proponer nuevas herramientas teóricas para la explicación, no sólo de su participación en la historia, sino también de la desigualdad y del cambio social, coincidiendo con otras visiones actuales que se refieren a las limitaciones de paradigmas universales para la interpretación del pasado, mostrando cómo la experiencia histórica de las mujeres ha tenido sus particularidades.
Se puede decir entonces, que la historiografía sobre las mujeres se inserta en este momento de libertad y multiplicidad de visiones históricas en el que asumiendo la propia historicidad, se contribuye a conceptualizar nuevos problemas, renovar orientaciones metodológicas y contenidos, señalando a fin de cuentas con ironía un "final de la historia" y un nuevo comienzo, en el que todos los sujetos están presentes con sus experiencias históricas entrelazadas en torno a las múltiples actividades sociales, políticas y económicas. Queda por establecer finalmente si el género y la diferencia sexual es la "historia de las mujeres" o significa algo más.
La Invisibilidad de las Mujeres
Aunque en la actualidad se piensa que el intento de visibilizar a las mujeres es una cuestión prácticamente feminista, llevada a cabo mayoritariamente por mujeres, no hay que olvidar que a lo largo de la Historia han sido muchos los que han intentado que los logros de las mujeres no quedaran en el olvido. La catedrática Lola Pérez Sedeño, cita algunos de estos esfuerzos:
- Las primeras obras tomaron la forma de enciclopedia, con la pretensión primordial de mostrar que las mujeres eran capaces de grandes cosas y que, por tanto, debían ser admitidas en las instituciones culturales. Dichas enciclopedias tenían un carácter general, es decir, estaban dedicadas a los logros en todos los campos. Giovanni Boccaccio escribió una obra de este tipo entre 1355 y 1359, De claris mulieribus, en la que presentaba la biografía de 104 mujeres notables, aunque la mayoría eran reinas (reales o míticas).
- Agustín de la Chiesa publicó en 1620 “Theatrum literatar feminarum”.
- Johan Frauenlob « Die Lobwürdige Gesellschaft der gelehrten Weiber », en 1631.
- Margerite Buffet, « Eloge des illustres sçavants anciennes et modernes » (1668).
- En la Historia “Mulierum Philosopharum”, publicada en 1690, Gilles Menage daba cuenta de los logros de filósofas antiguas y contemporáneas, para apoyar su propuesta de que las mujeres fueran admitidas en L´ Académie Francaise. Pero, como observa el propio Menage, su propuesta no tuvo resultado alguno.
- A mitad del siglo XVIII aparecieron las primeras enciclopedias específicas sobre la mujer en las ciencias naturales y la medicina. Así por ejemplo, Jérome Lalande, en su Astronomie des dames (1786) –que entra de lleno en el género de la literatura científica «para damas»– incluía una brevísima historia de las astrónomas (¿tal vez la primera?).
- En la década de 1830 Christian Friedrich Harless escribió “Die verdienste der Frauen um naturwissenschaft, Gesundsheits und Heilkunde” (La contribución de las mujeres a la ciencia natural, la salud y la curación). En dicha obra, pretendía «llenar un vacío» existente en las historias de su época y proponía una historia evaluadora de las aportaciones de las mujeres en todos los campos de las ciencias naturales, geología, antropología y medicina.
Estas historias muestran algo que, a veces, se olvida, se desconoce o se oculta: que las mujeres siempre se han sentido atraídas por el conocimiento, en general, y el científico, en particular.
MUNDO ANTIGUO
A veces, se olvida, se desconoce o se oculta que las mujeres siempre se han sentido atraídas por el conocimiento, en general, y el científico, en particular. Incluso en Grecia, escuelas como la platónica o la pitagórica las admitían en su seno, siendo famosas las denominadas «primeras pitagóricas», pertenecientes en su mayoría a la propia familia de Pitágoras: Teano, Arignote, Myia y Damo; las «pitagóricas posteriores» (IV y III), por ejemplo, Pintis, Aesana de Lucania, Penctiones, tal vez Perictione II y Teano I; y las neopitagóricas (sólo las nombradas por Lámblico suman 17).
Pero también la médica Agamede, que vivió en el siglo XII o Agnodice, nacida y muerta en Atenas en el último tercio del IV y que constituye un hito en la historia de las mujeres científicas, por lo que de renuncia a la propia identidad supone el sacrificio efectuado por ella para poder practicar la medicina, situación que se repite una y otra vez. O por supuesto, la famosa Hipatia de Alejandría, matemática, astrónoma, directora de la escuela neoplatónica de dicha ciudad.
- Mujeres de Egipto
- Mujeres de Grecia
- Mujeres de Roma
Agripina La Menor (Roma 16-59 d. C.)
CIENCIA
Una de las Mujeres que más ha trabajado y trabaja porque la Ciencia no sea un sitio despojado de mujeres, es Eulalia Pérez Sedeño, catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia y dedica gran parte de su actividad investigadora al Instituto de Filosofía del CSIC. Ha investigado en historia de la ciencia antigua y de las instituciones científicas, así como en filosofía de la ciencia. Actualmente trabaja en ciencia y valores, y en ciencia, tecnología y género; es autora y editora de numerosas publicaciones entre otras, sobre ciencia y tecnología desde la perspectiva de género.
Vamos a recoger algunas de sus más importantes opiniones sobre el Género en la Ciencia, ya que un examen poco riguroso de la historia de la ciencia induciría a pensar que la mujer ha estado ausente del desarrollo de esta actividad a lo largo de la historia. Hipatia, Hildegarda de Bingen, Madame de Châtelet, y tantas otras mujeres científicas citadas en esta página web, desmienten esa afirmación.
En el año 1673 –dice Pérez Sedeño-- el cartesiano François Poullain de la Barre, afirmó que la mente, el intelecto no tiene sexo. Según él, los entonces recientes desarrollos de la anatomía mostraban la igualdad entre hombres y mujeres con respecto al cerebro y los órganos sensoriales. Si esto era así, ¿por qué no podían las mujeres desempeñar trabajos o puestos similares a los de los hombres? ¿por qué no ser, juezas, profesoras, embajadoras, militares, científicas o pensadoras?
La afirmación y pregunta de Poullain pretendía zanjar «empírica y científicamente» una vieja polémica sobre la educación y la igualdad de los sexos, surgida de la supuesta incapacidad, según unos, desinterés o ausencia de las mujeres de los «asuntos del conocimiento» según otros, y que habían sancionado ideológica y religiosamente los mitos de Eva y Pandora, filosóficamente, Platón y biológicamente Aristóteles.
Si examinamos la historia de la humanidad en sus diversas facetas, veremos que la mujer, en especial como grupo, raras veces aparece como protagonista. Desde luego, la opinión de la catedrática es que tal afirmación no se corresponde con los hechos, sino que es una distorsión histórica.
No hay que olvidar los sesgos habituales que padecen los historiadores: sus explicaciones o interpretaciones han de pasar por el tamiz de lo que el paso del tiempo ha permitido que les llegara y por el de quién decidió escribir o anotar qué cosas, con la subjetividad que eso conlleva. A todo ello hay que añadirle el hecho de que los historiadores han sido, por abrumadora mayoría, hombres, por lo que, en cierto sentido, la historia es masculina. Es hora de «devolver las mujeres a la historia y devolver nuestra historia a las mujeres», muy especialmente, en el caso de la historia de la ciencia.
Pérez Sedeño, indica que: “Cuando se habla de mujer y ciencia, la reacción inmediata es la de indicar la ausencia de mujeres en el desarrollo de esa actividad a lo largo de la historia. No obstante, resulta curioso que ese «hecho» se esgrima por quienes tienen una concepción caduca de la historia de la ciencia y sin que, quienes afirman tal cosa, hayan efectuado un examen serio de la historia de la ciencia.
Si lo hubieran hecho, no sólo hablarían, «irónicamente» además, de Madame de Châtelet, omitiendo, entre otras cosas, que su traducción de los Principia Mathematica permitió que el continente accediera al newtonianismo. Una mirada superficial les habría permitido descubrir a Aglaonike y a Hipatia, en la antigüedad, a Roswita e Hildegarda de Bingen, en la Edad Media.
A las italianas Maria Ardinghelli, Tarquinia Molza, Cristina Rocatti, Elena Cornaro Piscopia, Maria Gaetana Agnesi, y Laura Bassi.
A las anglosajonas Aphra Behn, Augusta Ada Byron Lovelace, Mary Orr Evershed, Williamina Paton Stevens Fleming, Margaret Lindsay Murray Huggins, Christine Ladd-Franklin, Henrietta Swan Leavitt, Annie Russell Maunder, Charlotte Angas Scott, Mary Somerville, Anna Johnson Pell Wheeler, Caroline Herschel y Maria Mitchell.
A las germanas Maria Cunitz, Elisabetha Koopman Hevelius, María y Christine Kirch.
A las francesas Jeanne Dumée, Sophie Germain, Nicole Lepaute.
O a otras científicas más recientes como Maria Goeppter Mayer, Sonya Vasilyevna Kovalevsky, Lise Meitner y Emmy Noether, por citar sólo unas cuantas de reconocido prestigio.”
La historia de la ciencia, como disciplina autónoma, aparece de la mano de autores como G. Sarton y de actos institucionales tales como la edición de la revista Isis, cuyo primer número se publica en marzo de 1913, y la fundación de la International Society for the History of Science en 1929. La estructura de las revoluciones científicas de T.S. Kuhn, publicada en 1962, puso de manifiesto la relevancia de su estudio para otras disciplinas y que, a la hora de analizar los procesos científicos, había que tener en cuenta todo tipo de factores, ya fueran lógicos, psicológicos, sociológicos, económicos o históricos.
Sin embargo, el papel de la mujer en la ciencia siguió siendo relegado, olvidado, por más que lo típico del nuevo campo estribara en considerar la relación existente entre ciencia y sociedad. Ni siquiera las historiadoras de la ciencia (Marie Boas, Martha Ornstein o Dorothy Stimson) prestaron atención a la mujer. Tampoco los historiadores encargados de explorar los orígenes de la ciencia moderna incluyeron este aspecto en sus estudios, aunque sí se ocuparon de otros muchos, como los religiosos, de clase, de edad, etc.
Durante la Edad Media, siguiendo las teorías de Aristóteles y Galeno, se justificó el apartamiento de las mujeres de la Ciencia en base a su naturaleza. Su biología, a decir de muchos entre los cuales destaca Fray luis de León les impide el raciocinio “porque son frías y húmedas y eso daña el cerebro”, mientras que los hombres son secos y calientes, lo cual favorece la razón.
No obstante, el humanismo, con Luis Vives, defendía la instrucción de la mujer cristiana, siempre y cuando no ejerciera profesional o públicamente. Sólo años más tarde, en 1678, apareció un panfleto, “Advice to the women and Maidens of London”, que exhortaba a las mujeres a rechazar las labores domésticas y a dedicarse a estudiar matemáticas y contabilidad. La autora –desconocida, aunque en la portada aparece la expresión «por una de ese sexo»– consideraba que las mujeres que estuvieran capacitadas en esas materias serían más independientes.
No fue la primera, ni la única, ya que con anterioridad otras mujeres hablaron a favor de la educación de las mujeres de forma no anónima. De entre las primeras, Christine de Pizan (circa 1364-1430), Bathusa Makin (nacida hacia 1600), Marie le Jars de Gourney (1565-1645) o Mary Astell (1668-1731), todas ellas firmes partidarias de la igualdad de las mujeres.
Según, Pérez Sedeño, aunque no haya muchos documentos que recojan sus aportaciones, hay varios hechos que demuestran el interés, desde la revolución científica, de las mujeres por la ciencia:
1) Las sátiras contra las mujeres “intelectuales” se convierten en un género muy difundido: “Las mujeres sabias” de Moliere. Otras específicamente dirigidas contra las «mujeres de ciencias», como “Satire contre les femmes” de N. Boileau-Despreaux (1694), escrita contra Mme. de La Sabliere y donde se la describe, semijorobada, observando Júpiter, astrolabio en mano, hecho al que se atribuía su semiceguera y mala figura; “The Female Virtuosos”, de Thomas Wright (1693), en la que las mujeres descubrían hechos obvios y planteaban actuaciones ridículas y estúpidas o, seguramente la más amarga de todas, “Humours of Oxford”, de James Miller (1726), donde la protagonista, una insensata que ha osado pretender obtener conocimiento por medio del estudio y la dedicación a la ciencia y la filosofía, admite finalmente su locura, sus pretensiones ridículas y su vuelta al redil de la ignorancia.
2) La aparición de las revistas científicas para damas. La inglesa “Athenian Mercury” salía dos veces por semana y en una de sus secciones se daba respuesta a las preguntas de las lectoras, siendo tantas que los editores tuvieron que rogar que dejaran de enviar preguntas a la sección; entre 1704 y 1840 se editó “The Ladies Diary: or the Woman Almanack”, “Containing many Delightful and Entertaining Particulars”, “Peculiarly adapted for the Use and Diversion of the Fair-Sex”.
Esta revista tenía información de almanaque, así como artículos de astronomía, problemas de aritmética para ser resueltos por las lectoras y «puzzles» lingüísticos, a cuya solución se otorgaban premios. Posteriormente se añadieron problemas que planteaban las propias lectoras, algunos de los cuales muestran una gran perspicacia y profundos conocimientos. Otro ejemplo es “The Female Spectator”, publicada de 1744 a 1746, editada por Eliza Haywood y que alcanzó en su corta existencia gran popularidad en Inglaterra y Norteamérica. En el número del 27 de abril de 1745, Haywood recomendaba a las lectoras que siguieran los principios de la filosofía experimental de F. Bacon, es decir, que efectuaran por sí mismas los experimentos, dejando a un lado especulaciones inútiles sobre las obras de otros «filósofos». Las instruía en el uso del microscopio y las animaba a examinar gusanos, insectos y otros especímenes, esperando que sus descubrimientos ampliaran los límites de la ciencia. Una colección de artículos de esta revista fueron reimpresos varias veces en forma de libro, entre 1747 y 1775.
3) A partir de la Revolución Científica, las popularizaciones cobraron gran importancia. Hasta ahora sólo habían existido los grandes tratados científicos. Por ejemplo, las teorías mecanicistas de Descartes fueron dadas a conocer a un público más amplio gracias a “La pluralidad de los mundos” de Bernard Le Bovier de Fontenelle (1657-1757). La obra de Fontenelle, dedicada como era muy habitual a una dama, tuvo mucho éxito –entre otras cosas, porque hablaba de la posibilidad de extraterrestres--, y fue traducida al inglés por una mujer: Aphra Behn (1640-1689).
4) Aparecieron también libros de divulgación científica para damas. Uno de los más famosos es “Il newtonianismo per le dame”, de Francesco Algeroti (publicado en 1737), en el que se expone la óptica y física newtoniana. Obsérvese cómo, en esta ocasión, en el título se explicita la audiencia a la que va dirigida. Sin embargo, no todas las popularizaciones dirigidas a las señoritas eran de hecho divulgaciones. Por ejemplo, Charles Leadbetter dedicó su “Astronomy: or the True System of the Planets Demonstrated” (1727) a Catherine Edwin, quien, según afirma el autor, tenía «gran erudición y habilidad en ciencias matemáticas, en especial en las celestes»; y así debía ser, a juzgar por la obra, plena de tablas astronómicas, complejos cálculos matemáticos y toda una serie de tecnicismos, mucho más de los usuales en los otros libros «para damas».
5) También las mujeres escribieron libros de divulgación científica. Jane Marcet (1769-1858). La primera obra que publicó Jane Marcet fue Conversations on Chemistry. In Which The Elements of That Science Are Familiarly Explained and Illustrated by Experiments and Plates y rápidamente se convirtió en un éxito, llegando a alcanzar varias reediciones. Con gran éxito también publicó “Conversations on Natural Philosophy”, que rápidamente llegó a la cuarta edición, y “Conversations on Vegetable Phisiology; Comprehending the Elements of Botany, with Their Application to Agriculture”, en dos volúmenes.
Distintas investigaciones sitúan el alejamiento de las mujeres del mundo científico en el momento en que la Ciencia se institucionaliza. Con anterioridad, en 1570 los hombres más eruditos y “algunas damas” (entre las que destacaban Claude-Catherine de Clermont, marquesa de Retz, y Madame de Lignorelles) se reunían dos veces por semana en la Academia de Palacio de Enrique III para cultivar la filosofía, la ciencia, la poesía, la geografía, la matemática o la pintura.
Paralelamente y con posterioridad hay 3 salones literarios, considerados el origen de la institucionalización del sistema de academias francés, y más en concreto de la “Academia Francesa”. En estos salones brillaban con luz propia mujeres que, aunque premiadas, nunca llegaron a ser admitidas en la Academia Francesa: Mademoiselle de Scudéry, Madame des Houlières, Madame Dacier, y otras.
En Inglaterra, las mujeres vivieron prácticamente lo mismo con la “Real Academia de las Ciencias”. Ellas formaban parte de los círculos, salones o reuniones científicas pero luego no eran admitidas al institucionalizarse y dejar la ciencia de ser un interés privado e individual. A pesar de que en 1840, de los 600 componentes de la Real Academia de las Ciencias , sólo 100 eran científicos, a las mujeres se las juzgaba por otro rasero impidiéndoles la entrada por su amateurismo. Eso les ocurrió a Margaret Cavendish o a Caroline Herschell.
Pero la situación descrita no sucedió sólo en los inicios. De hecho, la Académie des Sciences de París se negó a admitir a Marie Curie un año antes de que le concedieran el premio Nobel, recordándose, además, que tampoco se había permitido la entrada a Sophie Germain ni a George Sand en la Academie Française. Pero, dicho sea de paso, ¿qué se puede esperar de un sistema, una de cuyas instituciones se negó a reformar la intrincada ortografía francesa, aduciendo que entonces «no se distinguiría a las meras mujeres de los sabios que saben latín»?
- Más de tres siglos, 313 años, tardó en entrar la primera mujer en la Academia Francesa de las Ciencias, que había sido fundada en 1666. Fue Ivonne Choquet-Bruhat y lo hizo en 1979.
- Casi tres siglos también tardaron en entrar las mujeres (Marjory Stephenson y Kathleen Londsdale) en la Royal Society inglesa, en concreto en 1945.
- Liselotte Welkskopft, se convirtió en 1964, en la primera mujer miembro de pleno derecho de la “Akademie der Wissenschaften” de Berlín. Antes, sólo a título honorífico estuvo Lise Meitner en 1949. Desde su creación en 1700 hasta 1964 sólo 10 mujeres consiguieron tal “privilegio”.
- Las primeras mujeres españolas en entrar en las academias científicas nacionales fueron María Cascales (Academia de Farmacia, en 1987) y Margarita Salas (que leyó su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1988).
Según la profesora Eulalia Pérez Sedeño, ante la imposibilidad de acceder a las instituciones educativas y científicas a lo largo de la historia y la escasa presencia de mujeres en la práctica científica, sociólogas/os e historiadoras/es han llegado a diversas conclusiones:
Por un lado, que las mujeres eran –son– admitidas prácticamente como iguales hasta que una actividad se institucionaliza y profesionaliza y que el papel de las mujeres en determinada actividad es inversamente proporcional al prestigio que reviste.
Por otro, se han apreciado dos formas fundamentales de discriminación, la territorial y la jerárquica. Por la primera, las mujeres quedan relegadas a disciplinas y trabajos concretos, marcados por el sexo, como la clasificación y catalogación en historia natural o la computación de datos en astronomía. No es que haya mujeres concretas o individuales a las que no se les reconozca su valía, sino que esa falta de estatus y reconocimiento se extiende a tareas o campos completos, que están sumamente «feminizados» y a los que se les atribuye menor valor y se los contempla como rutinarios o poco importantes, por el hecho de ser realizados por mujeres.
En virtud de la denominada discriminación jerárquica, mujeres brillantes y capaces son mantenidas en los niveles inferiores del escalafón o topan con un «techo de cristal», que no pueden traspasar en su profesión. Es decir, soportan formas encubiertas de discriminación que siguen pautas muy sutiles y, en muchos casos, inconscientes y ocultas para quienes ejercen la discriminación.
Y concluye que “Incluir en condiciones de igualdad a las mujeres y alcanzar la equidad en la ciencia y la tecnología no sólo es una cuestión de números: la pérdida –o no admisión– del cincuenta por ciento de la humanidad significa que nuestra visión del mundo ha sido, y es, parcial. La entrada masiva de mujeres en la actividades científicas y tecnológicas tiene que producir, necesariamente, efectos beneficiosos en la ciencia, en sus prácticas y en sus instituciones”.
PINTORAS
Es verdad que el número de mujeres pintoras destacadas es menor que el de los hombres, ya que es ésta una labor que no se puede ocultar cómo lo hacían muchas mujeres con la literatura, escribiendo a escondidas, o con pseudónimos masculinos. La pintura requiere aprendizaje (ámbito público), requiere la adquisición de lienzos y pinturas (con la dependencia económica que han sufrido la mayoría de las mujeres), requiere espacio para pintar y para exhibir, requiere tiempo... En definitiva, la pintura precisa de muchas cosas que las mujeres no siempre han estado en situación de dar.
Pero también es verdad que las mujeres que se dedicaron a la pintura exhiben un talento a nivel de los más dotados pintores famosos de la historia como Ghirlandaio, Renoir, Durero, Miguel Ángel, Rafael, Sargent o Degas.
Es más, al revisar obras de pintoras famosas, se puede observar que la naturaleza femenina, con todos sus matices, se encuentra incorporada al estilo que cada una de ellas emplea, impronta exclusiva que no está presente en las obras de sus pares varones.
Durante la enseñanza escolar la infancia y la juventud no hemos oido hablar del aporte considerable que las mujeres han hecho a la pintura clásica. Tanto los historiadores/as como los educadores/as han ignorado a estas damas superdotadas en el arte y sus magníficas obras que lo prueban.
Que nadie diga, para desmérito de ellas, que las enseñaron hombres o que “copiaron” de ellos, porque todo el mundo sabe hoy día, que al igual que los varones, las pintoras famosas también han tenido en sus inicios un maestro del cual aprender. Para ambos ha sido del sexo masculino, cosa que ha determinado la similitud evidente que existe entre sus estilos y técnicas.
En este apartado de nuestra web, vamos a visibilizar a algunas de ellas. No sólo hablando de ellas mismas, sino mostrando sus obras, las cuales sin duda, sorprenderán a más de una persona por la esplendidez que se ha ocultado durante siglos.
- Desde La Antigüedad Al Renacimiento
- Sofonisba Anguissola (1532-1625)
- Lucía Anguissola (1538-1565)
- Artemisa Gentileschi (1593-1652)
- Lavinia Fontana (1552-1614)
- Clara Peeters (1589-1676)
- El Barroco
- Louise Moillón (1610-1696)
- Judith Leyster (1609-1660)
- Neoclasicismo
- María Sybilla Merian (1647-1717)
- Rosalba Carriera (1675-1757)
- Angélica Kaufman (1741-1807)
- Elisabeth Louise Vigée-Lebrun (1755-1842)
- Siglo XIX e Impresionismo
- Berthe Morisot (1841-1895)
- Mary Cassat (1844-1926)
- Rosa Bonheur (1822-1899)
- Eva Gonzalès (1849-1883)
- Marianne North (1830-1890)
- Joanna Boyce (1831-1861)
- Catherine Madox Brown (1850-1927)
- Marie Bracquemond (1840-1916)
- Siglo XX
- Sonia Delaunay (1885-1979)
- Georgia O’keefe (1887-1986)
- Tamara De Lempicka (1898-1980)
- Natalia Gontcharova (1881-1962)
- Marie Blanchard (1881-1932)
- Liubov Popova (1889-1924)
- Gabrielle Münter (1877-1962)
- Marianne Von Werefkin (1860-1938)
- Marie Laurencin (1883-1956)
- Frida Kalho (1907-1954)
ESCULTURA
Iriantine Karnaya
PREMIOS NOBEL DE FÍSICA
PREMIOS NOBEL DE QUÍMICA
PREMIOS NOBEL DE FISIOLOGÍA Y MEDICINA
PREMIOS NOBEL DE LITERATURA
PREMIOS NOBEL DE LA PAZ
2004 WANGARI MAATHAI
FILÓSOSOFAS DE DISTINTAS ÉPOCAS
ANTIGÜEDAD
Las primeras mujeres filósofas de las que se tiene noticia estuvieron vinculadas a la escuela pitagórica (siglo VI a. C). Sus ideas, sin embargo, fueron atribuidas a su fundador, Pitágoras. Poco después aparecen algunas mujeres relacionadas indirectamente con la filosofía, como Aspasia de Mileto, protectora de Protágoras y promotora del pensamiento y la cultura en la Grecia de Pericles. También hubo mujeres filósofas en las escuelas epicúrea y estoica, tanto en Grecia como en Roma. En la escuela cínica destaca Hiparquía de Tracia (siglo IV a. C).
Hacia el final del período helenístico despunta Hipatia de Alejandría, la mujer científica y filósofa más importante de la antigüedad. Estudió las obras de Platón y Aristóteles, pero se dedicó sobre todo a la astronomía y la matemática.
EDAD MEDIA
Durante este período y por influencia del cristianismo, la mujer fue considerada como origen del pecado, la impureza y la debilidad. Excluidas del culto y marginadas de la vida social, las mujeres tenían prohibido el acceso a la cultura.
En esta época las mujeres laicas no contaban, en general, con la suficiente instrucción. Por el contrario, sí hubo mujeres cultas en los conventos y monasterios: bibliotecarias, escribanas y enseñantes, que escribieron obras sobres sus experiencias místicas, así como algunos tratados científicos.
En esta línea destaca Hildegarda de Bingen (1098-1179), que dejó escritos de astronomía, botánica y medicina, así como libros proféticos, basados en sus visiones.
RENACIMIENTO
Durante el Renacimiento, la filosofía continuó en manos masculinas, aunque algunos pensadores ya reconocían la influencia de las mujeres en el terreno de la cultura. En este sentido, se elaboraron elencos de mujeres célebres, con el fin de completar la trayectoria del pensamiento humano desde la antigüedad.
Progresivamente se fueron debilitando las condiciones que impedían el acceso de las mujeres a la cultura y aumentó el número de mujeres que escribían poesía y se interesaban por la ciencia, la política y la música, fundamentalmente entre la clase noble.
Así por ejemplo, Galileo mantuvo correspondencia con la duquesa de Toscana, Cristina de Lorena, a propósito de sus descubrimientos en astronomía y la defensa de las tesis copernicanas.
En el ámbito religioso y, concretamente, entre los reformadores católicos, destaca Teresa de Jesús (1515-1582), fundadora de monasterios y escritora. Su aguda percepción del dolor existencial humano se plasma en obras como Las moradas (1577), donde propone un camino interior de redención que conduce a la beatitud.
La obra de Teresa de Jesús ejerció una enorme influencia sobre la teología de su época y posteriores, en particular sobre la teología mística, al subrayar el aspecto psicológico y emotivo de la experiencia religiosa.
BARROCO
Madame de Sevigné (1626-1696). Isabel de Bohemia (1618-1880). Lady Conway (1631-1679). Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695).
ILUSTRACIÓN
Madame de Chatelet (1706-1749). Olympe de Gouges (1749-1793). Mary Wollstonecraft (1759-1797). Madame de Staël (1766-1817).
LA MUJER Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DEL XIX
Flora Tristán (1803-1844). Eleanor Marx (1855-1898).
LA MUJER Y LA FILOSOFÍA EN EL SIGLO XX
Rosa Luxemburgo (1871-1919). Maria Montessori (1870-1952). Edith Stein (1891-1942). Simone de Beauvoir (1908-1986). Simone Weil (1909-1943). Hanna Arendt (1906-1975). Ayn Rand (1905-1982). María Zambrano (1904-1991).
- Aspasia De Mileto
- Teano
- Perictione
- Hipatia
- Hildegarda De Bingen
- Otliva Sabuco (1562-?)
- Santa Teresa De Jesús
- Isabel De Bohemia
- Anne Finch Conway
- Sor Juana Inés De La Cruz
- Marquesa De Châtelet
- Mary Wollstonecraft
- Olympe De Gouges
- Madame De Stäel
- Flora Tristan
- Harriet Taylor (1807-1858)
- Madame Blavatsky
- Eleanor Marx
- Lou Andreas Salomé
- María Zambrano
- Simone Weil
- Amelia Valcárcel
- Victoria Camps
- Celia Amorós
- Adela Cortina
- Asunción Herrera
- Alicia Miyares
- Agra, María Xosé
- Burgos Díaz, Elvira
- Cavana, María Luisa
- Cobo, Rosa
- De Miguel, Ana
- Duran, María Angeles
- Femenias,María Luisa
- López Pardina, Teresa
- Posada Kubissa, Luisa
- Puleo, Alicia H.
- Rodríguez Magda, Rosa María
- Roldán, Concha
Rubio, Ana
INVENTORAS
En general, se cree que las mujeres estuvieron siempre alejadas de la construcción del conocimiento a lo largo de la historia o, en cualquier caso, que su participación en las tareas que hoy llamamos intelectuales se produjo de manera tardía, en los últimos siglos. Por el contrario, desde los orígenes conocidos de los seres humanos, las mujeres han contribuido tanto al desarrollo de la ciencia "oficial" como al desarrollo y mejora de la calidad de vida de la humanidad, pero, la historia androcéntrica del conocimiento científico las ha convertido en invisibles, tanto a ellas como a sus aportaciones.
Desde el origen de los Tiempos
La "mujer recolectora" puede considerarse como la primera botánica; las mujeres desarrollaron el conocimiento de las plantas, su cultivo y recolección, las herramientas para cultivarlas, almacenarlas y convertirlas en alimentos, creando así la agricultura y los procesos de elaboración y conservación de los alimentos.
Además, inventaron la alfarería (fabricaron utensilios y objetos de cerámica) y los tintes.
Con el movimiento de rotación del huso, las mujeres convirtieron ciertas fibras naturales, como la lana, el lino y, más adelante, el algodón y la seda, en hilos, provocando diferentes ordenamientos de las moléculas y desarrollando las técnicas de elaboración de tejidos (Solsona, 1997).
La transmisión de tales saberes prácticos está en el origen de lo que hoy llamamos ciencia o tecnología. Sin embargo, en la construcción de la ciencia moderna (basada en una epistemología que postulaba la objetividad absoluta, la neutralidad axiológica y la voluntad de independencia respecto al contexto social e histórico) quedaron excluidos estos "avances tecnológicos", tan fundamentales e imprescindibles para el desarrollo de la humanidad, hasta que no pasaron a estar en manos de los hombres.
Otra opinión muy generalizada es que las científicas existieron únicamente en casos excepcionales (en esta misma web os mostramos múltiples casos de mujeres científicas). Sin embargo, los acontecimientos parecen haber evolucionado de forma distinta, ya que la historia es un relato con muchos principios pero sin ningún final.
También fue importante la presencia de mujeres en la tradición alquimista, precursora de la química actual, en la medicina, en la preparación de medicamentos y en las escuelas artesanales. Todas ellas se pueden localizar desde la antigüedad hasta la época medieval, es decir antes de la llamada Revolución Científica.
Dadas las características de las tradiciones filosófica, alquimista o artesanal, antes del siglo XVIII, estas mujeres no tuvieron una participación aislada en las tareas de construcción del conocimiento ya que se han identificado bastantes filósofas, alquimistas o médicas, en contra de lo que se considera habitual en aquellos momentos históricos. Ellas formaron parte de escuelas y tradiciones donde las mujeres no fueron casos excepcionales. De algunas mujeres, hoy en día, se han podido identificar sus textos y reconocer sus palabras, distinguir cuándo escribieron de forma individual, o reconstruir su presencia o su influencia. De otras todavía resulta difícil descifrar sus huellas.
Fueron también mujeres las primeras que se dedicaron a la Medicina. Para situar la sabiduría médica de las mujeres hay que recordar que han sido siempre sanadoras. Fueron las primeras médicas, comadronas y anatomistas de la historia occidental: atendían los partos, sabían hacer abortos y cuidaban de la salud de las personas. Fueron las primeras farmacólogas dedicadas al cultivo de hierbas medicinales.
Durante muchos siglos fueron médicas sin título excluidas de los libros y de la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se transmitían sus experiencias de madres a hijas o entre las vecinas.
La gente las llamaba "mujeres sabias", y durante mucho tiempo constituyeron la única atención médica al alcance de las personas pobres y de las mismas mujeres.
La Mujer: Responsable del Proceso de Hominización
Este es el título de un artículo de F. B. Martín-Cano Abreu en el que señala la importancia de las mujeres en la creación de la escritura, en la acuñación de monedas, en la educación... Por sus aportaciones documentadas, vamos a reproducir algunas de sus afirmaciones que ponen en el centro de la hominización y civilización a las mujeres.
Para Martín-Cano, los argumentos que sustentarían la afirmación de que las mujeres fueron las PRIMERAS ACUÑADORAS Y GRABADORAS DE MONEDAS, son:
Primeras monedas ostentan efigies o símbolos femeninos: En primer lugar el hecho de que las más arcaicas monedas grabadas en diferentes regiones, tras inventarse en el siglo VII a.C., ostentan efigies y emblemas de las primeras colonizadoras pregriegas que fundaron y colonizaron esas mismas ciudades y regiones (a las que dieron sus nombres y en las que gobernaron,...) y con otros motivos de la mitología matriarcal y asimismo el mineral elektrón en que estaban realizadas las más arcaicas monedas lleva el nombre de la Ninfa Deificada de Rodas Electrionia.
Fuentes escritas atribuyen a mujer invento de moneda: En segundo lugar la declaración del historiador Julius Pollux que comenta la posibilidad de que la moneda hubiese sido inventada por una mujer en su Onomasticón en el siglo II, cita aportada por (Carmen Herrero, 1994: 32): "Quizás algunos creerían ambicioso investigar esta cuestión si las primeras monedas fueron acuñadas por Fidón de Argos, o por Demodice de Cumas, mujer de Midas el frigio, hija de Agamenón rey de Cumas..."
A este propósito: "... hay que exponer que en los templos erigidos a las diosas de la Vida aparecía la ligazón invariable de lo femenino con la riqueza y los objetos materiales, sobre todo cuando originariamente la fabricación de monedas tuvo lugar en los centros culturales a las diosas-madres." (M. Teresa G. Cortés, 1993: 24).
Fuentes artísticas apoyan la consideración de la mujer inventora de moneda: Respaldaría la hipótesis de que la mujer fuese la inventora de la moneda, en tercer lugar, la escena reflejada en la pintura hallada en la Casa de los Vettii de Pompeya de principios de la época histórica.
Efectivamente, se ha hallado una interesante pintura en la Casa de los Vettii de Pompeya que vincula la moneda a lo femenino. En la misma se muestra a:
La Diosa Feronia presidiendo un taller de grabación, una ceca, y a su alrededor amorcillos-Artesanos Feronienses, algunos femeninos, que realizan diferentes fases del proceso de grabación de monedas. En el centro un amorcillo Aequator / Ajustador / Pesador pesa el lingote frente a la Diosa Feronia alada sentada. A la derecha un amorcillo femenino: Signator / Grabadora graba con el caelum / buril el modelo de moneda frente a una mesa (asociada a las constelaciones Mensa y Caelum / Buril). Y en el extremo dos amorcillos femeninos Flatuarii / Herreras, Artesanas metalúrgicas de cobre calientan el metal en el horno (asociada a las constelaciones Fornax y a la Diosa Fornax que presidía los hornos "fornax"). Para los expertos, la pintura es prueba convincente no sólo de la participación femenina como Artesanas especializadas en la ejecución de la moneda, sino además de que el proceso de grabación estaba dirigido por Jefas de taller y Protegido por Diosas: Juno Moneta, Feronia, Fortuna, Fornax,...
Fuentes monetales constatan que la mujer acuñaba moneda: En cuarto lugar el nombre de Faenos / Phanes que aparece en una moneda de Halicarnaso (emitida por Éfeso en el año 600 adne) en la que encima de un ciervo pastando aparece la inscripción "Soy el signo de Fanes / Faenos emí sema". Siendo Faenos la Magistrada Monetal que vigilaba y dirigía la fabricación de moneda, según Carmen Herrero, de la que queda memoria histórica, bajo cuya dirección se acuñaban las monedas en el Santurio de Éfeso.
Martín-Cano también defiende con argumentos que fue la MUJER INVENTORA DE LA ESCRITURA Y DE LAS TÉCNICAS PARA ESCRIBIR. Así, dice:
“Además fueron las mujeres, las más arcaicas sabias, las que inventaron la escritura, que las colonizadoras después extendieron por numerosas regiones.
Escritura de la que se conserva memoria como invento atribuido a Diosas en multitud de regiones y que las enseñaron a la humanidad: autoría femenina "...sublimada a categoría divina". Y así a la Diosa Tasmetum "Se la honró como inventora de la escritura cuneiforme". (Sechi, 1993: 468).
Y además se consideran inventoras del alfabeto en La India a la Diosa Sarasvati (Sechi, 1993: 448). La inventora del sánscrito: Sarasvati (Enciclopedia Biográfica de la Mujer, 1967: 1051), en Egipto se atribuyen a las Diosas Isis y Sesat / Safet ser las inventoras de la escritura (Enciclopedia Biográfica de la Mujer, 1967: 1106 y Mazenod, 1982: 242). En China es la Diosa Nu Kua la inventora de la escritura, en Italia es la Diosa/Profetisa/Diosa Carmenta/Nicóstrata la inventora del alfabeto latino de quince letras,...
Y asimismo las más arcaicas tablillas de arcilla con textos en escritura cuneiforme han sido encontradas en Templos de culto a Diosas (servido en época arcaica exclusivamente por Sacerdotisas). Y así se han encontrado las más antiguas tablillas de arcilla en Uruk, hoy Warka, donde se inventó la escritura sumeria en el año 3300 a. C. (en donde los turanios caldeos adoraban a la Diosa Ana/An/Anna/Eana/Eanna /Inanna en su Santuario Eanna "Casa del cielo").
Y también sería la inventora de las técnicas para escribir: las de aprovechamiento de las pieles como pergaminos, los papiros o las tablillas de arcilla en fresco o cocida encerada para escribir.
Que las tablillas usadas para escribir fuese invento femenino es corroborado tanto por hipótesis mítica como arqueológica, así los mitos atribuyen a la Diosa Nisaba "La Señora de Saba" "Patrona de Escribas" (Leick, 1991: 137). También es arqueológica la evidencia de esta hipótesis, ya que las más arcaicas esculturas humanas con rollos de pergaminos o de papiros o con plumas de aves o con estiletes de junco/cálamus, usados para escribir con tinta o con estilos para rayar la arcilla cocida encerada, son femeninas. Así aparecen ejemplos artísticos de las más arcaicas poetisas que escribieron sus oráculos y textos con rollos de pergamino, tablillas de arcilla o libros en la mano.
Dos ejemplos artísticos arcaicos de Mesopotamia son las esculturas femeninas con rollo de pergamino en la mano de las Sacerdotisas Escribas de Ur, Tell-El Obeid y de Tell Asmar del Templo de Abu en Eshnonna datadas en el IV y IIIer milenio a.C.
Y son ejemplos de mujeres poetisas arcaicas: la escultura de Walkiria con rollo de pergamino, la de la Sacerdotisa volsca Fortuna Antiastina y la de la Diosa japonesa Zenmyo Noshin
Asimismo los establecimientos de enseñanza dedicada a elevar el nivel cultural y donde se acumulaba libros y el conocimiento, tienen nombre femeninos: Ateneo de la Diosa Atenea, Amaltheum "Biblioteca" de la Diosa Amaltea, el Museión/Museum /Museo era el Templo de las Musas, el conjunto de los poetas de un pueblo/el Parnaso (monte de Delfos donde moraban las Musas Parnásidas en la Escuela-Santuario parnasiana donde enseñaban a las niñas los himnos sagrados) es epónimo de la heroína/Diosa/ Musa Parnasia,...
En cuanto al CUIDADO DE LA EDUCACIÓN, el autor señala que las mujeres fueron maestras/ nodrizas, las que cuidaron en principio de la educación de las niñas, futuras Sacerdotisas escribas y oficiantas de la religión matriarcal, a las que enseñaron la escritura y los mitos matriarcales en las escuelas ubicadas en los Templos. Y más tarde también a los varones. Pone como ejemplo, entre otros, a Diotima de Mantinea, maestra de Sócrates en el siglo V a.C.
También dice este investigador que las MUJERES ERAN LA MÁS ARCAICAS JUEZAS: “Y también serían las mujeres la más arcaicas Sacerdotisas supremas que actuaron de legisladoras, celebraron juicios, juzgaron, castigaron o perdonaron a los malhechores en juicios, presidiendo los tribunales y las asambleas federales bajo la advocación de Diosas Fatales y Legisladoras, "Que Establece Leyes", guardianas de las leyes, juezas invocada al jurar, Diosas Profetisas que determinaban el destino humano. Al respecto leemos: "Ceres -versión romana de la madre tierra Deméter- también se denominaba Ceres Legífera, es decir, «la legisladora», y afirmaban que sus sacerdotisas habían creado el sistema legal romano." (Husain, 1997: 36)”.
Concluyendo, para muchos investigadores, serían las mujeres las que, con su gran fuerza creadora, iniciarían el desarrollo cultural humano, las que donarían al mundo sus enseñanzas para la supervivencia y el progreso, las autoras de los inventos fundamentales y de las grandes conquistas técnicas, sobre los que se asentaron y construyeron después la actividad intelectual, antes de que triunfase la revolución patriarcal: la agricultura, el uso de preparados medicinales, las primeras herramientas, la cerámica, la escultura, la religión monoteísta femenina y los primeros mitos de la religión agraria (reflejados en obras de arte), las dramatizaciones míticas y las más arcaicas ceremonias religiosas (con fundamento astronómico), los instrumentos musicales, la que haría las primeras leyes, facilitaría el gobierno, el comercio, la educación, la descubridora de los métodos revolucionarios que posibilitaron el enriquecimiento, el uso de monedas, etc.
De forma que las culturas matriarcales pacíficas, anteriores al año 2500 antes de nuestra era, antes de la revolución patriarcal: "... produjo todos los elementos básicos de las civilizaciones arcaicas desarrolladas -la escritura, la rueda, las matemáticas, el calendario, la monarquía, el sacerdocio, el simbolismo del templo, los impuestos, etc.- y los temas mitológicos específicos..." (Campbell, 1991: 167).
Más tarde se produjo las invasiones patriarcales. Los varones eligieron la tendencia a "civilizar" de manera militar y violenta. Ellos empezaban por invadir y conquistar por las armas territorios codiciados habitados y gobernados por mujeres, se posesionaban del trono y de sus reinos, arrojaban o esclavizaban y sometían a su dominio a los antiguos habitantes, se beneficiaban de las experiencias y logros femeninos, devastaban sus construcciones. Y después sobre sus ruinas reedificaron otras, impusieron una organización patriarcal y sus creencias patriarcales e inauguraron nuevos cultos patriarcales.
Cuando los conquistadores se apropiaron por la violencia del poder legítimo ejercido por reinas cuya autoridad era reconocida porque ejercían un poder de origen Divino, los usurpadores ejercieron un poder no sancionado por la Divinidad ni heredado matrilinealmente. Y al ejercer el poder de manera ilegítima, no era aceptada su autoridad ni el uso de sus atributos: trono, cetro y corona, por una sociedad campesina, que tendría el concepto de la autoridad maternal y matrilineal profundamente arraigado en su conciencia.
Cuando los conquistadores se apropiaron por la violencia del poder legítimo ejercido por reinas cuya autoridad era reconocida porque ejercían un poder de origen Divino, los usurpadores ejercieron un poder no sancionado por la Divinidad ni heredado matrilinealmente. Y al ejercer el poder de manera ilegítima, no era aceptada su autoridad ni el uso de sus atributos: trono, cetro y corona, por una sociedad campesina, que tendría el concepto de la autoridad maternal y matrilineal profundamente arraigado en su conciencia.
Así que los nuevos gobernantes tendrían que seguir recurriendo a la violencia y a la guerra para imponer su autoridad y su modelo de realeza (aunque también recurrieron al casamiento con la heredera legal).
Con las guerras, sobrevino la destrucción de una cultura matriarcal que había estado vigente 25.000 años. "Además tengo la siguiente hipótesis: la guerra es un fenómeno cultural, no es un fenómeno natural."..."Los animales no hacen la guerra."... "Mi hipótesis es que la guerra ... empezó, o al menos está relacionada, con el paso del matriarcado al patriarcado." (Ramón Panikkar, 1988: 389, 4).
Al final de la Edad del Bronce – dice Martín Cano-, cuando el patriarcado se impuso, fueron los varones, los que se apropiaron, se aprovecharon y se beneficiaron del ingenio femenino y con sus conquistas y sobre sus destruidos reinos crearon una cultura superior a costa de esclavizar y explotar a la mujer. Como dice Haaf (1976,146): "El descenso social de la mujer corrió parejo con un auge cultural en el que ella tuvo, probablemente, gran participación."
- Así fue la mujer fue la más arcaica agricultora, que roturaba y cultivaba el campo.
- Fue la más arcaica escultora-alfarera, que modelaba las vasijas y esculturas necesarias para contener alimentos.
-
La más arcaica artesana, curtidora, hiladora o metalúrgica: fabricaba los diferentes adminículos domésticos, agrícolas, textiles, derivados de animales y metalúrgicos como la moneda para sus transacciones comerciales.
- La más arcaica astrónoma: la mujer era la conocedora del calendario agrícola y de las constelaciones cíclicas.
- La más arcaica mitóloga: inventó las más acracias leyendas religiosas.
- La más arcaica sacerdotisa, bautizadora, legisladora, jueza: dirigía las ceremonias sagradas de Fertilidad para propiciar a la Diosa, a la que encarnaba, así como juzgaba y castigaba a los infractores de las leyes en nombre de la Madre Naturaleza, la más arcaica Diosa que adoró toda la humanidad (y la estuvo adorando en exclusiva antes de que con el politeísmos aparecieran las Divinidades masculinas en la Edad del Bronce.
- Fue la más arcaica música que tocaba instrumentos musicales que habría inventado y bailaba en ceremonias religiosas.
- La que inventó la escritura, los números y la más arcaica poetisa y cantante que compuso himnos de las ceremonias de Fertilidad, que escribían en rollos de pergaminos y que llevaba las cuentas de los Templos.
- La más arcaica actriz, que participaba en comedias de carácter religioso en honor de la Diosa del Amor.
- La más arcaica maestra, que enseñaba a las nuevas generaciones todos los conocimientos útiles para enfrentarse a la vida.
- La más arcaica curandera, que descubrió plantas medicinales (que llevan sus nombres), la más arcaica partera, médica que curaba a sus hijos.
- La más arcaica veterinaria, que creaba vacunas y métodos de curación de animales.
- La más arcaica colonizadora, que sabía cómo descubrir pozos de agua o llevar la fertilidad a regiones estériles.
Además fue comerciante, cazadora, molinera, panadera, viñadora, recolectora de miel y frutos...
Hay una creencia en la autoría femenina que otros Investigadores como el Profesor Le Roy Mcdermontt de la Universidad de Missouri, comparten. De él cita Husain (1997, 11): "En el caso de que esta teoría sea correcta, la inmensa mayoría de las esculturas paleolíticas fueron obra de mujeres, lo que sustenta los argumentos de las feministas acerca de que no fueron los hombres sino las mujeres las originales artesanas, artistas y transmisoras culturales de una generación a otra."
A continuación vamos a visibilizar a algunas de las mujeres de todas las épocas que han utilizado su ciencia e ingenio para realizar inventos en beneficio de la humanidad. Una Humanidad que las ha silenciado e ignorado, cuando menos, o que se ha aprovechado de ellas apropiándose sus triunfos, cuando más. Vamos a seguir el listado expuesto por Raquel Barcos Reyero y Eulalia Pérez Sedeño en “Mujeres Inventoras” (http://inventors.about.com/ library/ blwomeninventors.htm) , al que añadiremos otros personajes citados en otras investigaciones.
No se trata, como siempre, de que estén todas. No citamos a muchas que en otros apartados de esta Web ya las nombramos, cuando hablamos de las mujeres en las ciencias, las mujeres en las artes, las mujeres en la filosofía, las mujeres galardonadas con Premios Nobel, etc.
“Son todas las que están, pero no están todas las que son”, por ello una vez más os invitamos a escribirnos y mandarnos listas, biografías, documentos y fotografías que completen esta tarea de Visibilización de las Mujeres que nos hemos propuesto.
LAS INVENTORAS PIONERAS
Desde la prehistoria un buen número de mujeres dieron testimonio de su hacer como "científicas", aunque es realmente dificil encontrar información al respecto ya que existen pocos documentos que lo avalen y las huellas que dejaron han sido filtradas por la mirada de los hombres que reconstruyeron la historia. Algunas de esas mujeres que han aportado sus conocimientos a la historia de la ciencia son: Merit Ptab (médica egipcia), Theano (matemática griega), Agnodice (médica griega), Elephantis (médica romana), María la Judía, Hipatia, Hildegarda de Bingen...
AGNODICE 300 a.C
Mujer ateniense, que vestida de hombre ejerció su profesión con éxito entre las mujeres. Fue denunciada por los médicos y condenada a muerte. Las mujeres de la ciudad amenazaron con morir con ella si era ejecutada.
MARÍA LA JUDIA (siglo I)
Vivió en Alejandría y estableció las bases teóricas y prácticas de la alquimia. Inventó complicados aparatos de laboratorio para la destilación, la sublimación... “El baño maría” es el más conocido y se usaba entonces como se usa hoy, para calentar lentamente o mantener la temperatura constante.
HIPATIA (siglo I)
Fue la filósofa y matemática más relevante de la antigüedad griega. Se interesó también por la tecnología y diseñó diversos instrumentos, entre ellos el astrolabio plano que se usaba para medir la posición de las estrellas, planetas, etc. Fue brutalmente asesinada por un grupo de fanáticos ya que se la consideraba como una representante peligrosa del pensamiento pagano
HILDEGARDA DE BINGEN (1098-1179)
Fue la primera científica cuyos escritos han permanecido indemnes al paso del tiempo. Escribió una enciclopedia de historia natural y varios volúmenes sobre medicina.
- Josephine Cochran y el lavaplatos
- Mary Anderson y el limpiaparabrisas
- Patsy Sherman y el descubrimiento del protector Scotchgard
- Patricia Billings (1926- ?) y el Geobond
- Erna Schneider Hoover y el sistema automatizado de conmutación telefónica
- Sally Fox y la FoxFibre
- Bette Nesmith Graham y el Tipp-ex
- Julia Newmar (1935- ?) y los pantis
- Marion Donovan (1917- 1998) y los pañales de plástico y desechables
- Catherine Blodgett ( 1898- 1979) y el cristal no reflectante
- Rachel Fuller Brown y Elizabeth Lee Hazen y el antibiótico antihongos
- Martha Coston (1826- ?) y las señales tricolores marítimas
- Clatonia Joaquin Dorticus- inventó una máquina y un método fotográfico mejorado para la impresión
- Gertrude Elion ( 1918- 1999) y la lucha contra la leucemia y el herpes
- Edith Flanigen ( 1929- ?) y el refinado del petróleo
- Beulah Henry
- Mary Phelps Jacob y el sujetador
- Marjorie Stewart Joyner ( 1896- ?) y la máquina para hacer permanentes
- Mary Kies, primera mujer norteamericana en conseguir una patente
- Margaret Knight ( 1838- 1914) reina de las bolsas de papel
- Stephanie Kwolek (1923- ?) y la fibra Kevlar
- Mary Engle Pennington y los alimentos congelados
- Melita Bentz
- Sara Nather
- Sara Goode
- Grace Murray Hopper
- Lise Meitner
- Ada Byron King
- Patricia Bath
- Alice Guy
Ellen Eglui
ESCRITORAS
Una de las cuestiones recurrentes en los últimos debates culturales es si existe una “literatura femenina” diferente de la masculina, interrogante al que se une otro doblemente inevitable que se pregunta si existe en la literatura una tradición de escritura femenina, y en el caso que exista, por qué no se refleja en los manuales de literatura.
Mercedes Arriaga Flórez, de la Universidad de Sevilla, reflexiona sobre estas importantes cuestiones, que dividen en muchos casos a las personas que investigan en este hecho literario:
Para empezar por la primera cuestión a la que pocos críticos y críticas desean responder de forma clara, porque tanto una negativa como su contrario son igualmente comprometedoras, hay que decir que algunos parten de la afirmación de que no existe literatura de hombres o de mujeres, sino sólo buena o mala literatura, aunque se detienen ahí sin entrar en la cuestión de quién, con qué criterios, o en qué circunstancias históricas o políticas, se decide lo que es “bueno” o “malo” en literatura.
Si se hicieran estas preguntas, con la respuesta se podría explicar la hegemonía de algunos autores con respecto a otros en algunos periodos
históricos, el predominio internacional de una literatura sobre otra, y el olvido por parte del público de autores que en una coyuntura político-social determinada fueron aclamados. La canonización en literatura es un procedimiento sumario y selectivo que responde a criterios culturales y posiciones ideológicas, (por no hablar de los intereses), de los canonizadores, que logran tramandar “su” concepción de la literatura. Por desgracia, como se sabe, nuestro mundo moderno y democrático no ha podido acabar con este control, que si en tiempos pasados se hacía con criterios estéticos, políticos, religiosos, etc., ahora responde casi exclusivamente a exigencias del mercado editorial, y a niveles de audiencia.
Hay una cuestión terminológica, y es que con la etiqueta “escritura femenina” se designa tanto la literatura escrita por mujeres como la literatura de contenido “femenino”, es decir, que se centra en la experiencia de ser mujer en el mundo con todos sus matices biológicos y contextos situacionales, pero con la salvedad de circunscribir el “mundo femenino” casi exclusivamente a su acepción más tradicional, con lo cual, muchas escritoras que proponen modelos y espacios femeninos nuevos, tampoco se identifican con esta denominación.
Existe una “literatura femenina” y una “literatura masculina” por lo que se refiere, no a los autores/as que la practican, sino a sus contenidos. Si partimos de lo femenino y lo masculino en términos de construcción social, tendremos que reconocer en la literatura uno de los espacios donde estas construcciones y sus estereotipos se forjan y se reproducen (también se subvierten, afortunadamente), junto con modelos de comportamiento y esquemas ideológicos que los refuerzan.
Nadie ignora que ha existido desde siempre, también una literatura escrita “para” mujeres, que en principio revestía carácter preceptivo (libros de comportamiento, tratados morales, etc.), y que con el paso de los siglos se convirtió en novela rosa, folletines y otras obras, donde lo femenino (también lo masculino, pero los hombres leen mucho menos este tipo de textos) sigue encorsetado en esquemas tradicionales. Esta literatura escrita para mujeres no siempre tiene una autora detrás, muchos autores, que cuentan con un numeroso público femenino que los sigue y compran sus libros, la practican.
La literatura “femenina” no es exclusiva de las escritoras, del mismo modo que la literatura “masculina” ha sido, y es, practicada por muchas autoras. Ahora bien que la literatura de contenido femenino no goza del mismo prestigio que su antagonista, es algo evidente, consecuencia de una tradición social, política, religiosa y cultural que sobrevalora lo masculino e infravalora lo femenino.
Benedetto Croce decía con admiración de María Giuseppina Guacci, escritora italiana del siglo XIX, que “en ella no percibís la mujer” (Morandini, 1997,). Para no encontrarse con la desaprobación de la crítica y con el desprecio social, muchas autoras escriben deliberadamente “como si no fueran mujeres”. Es el caso de Natalia Ginzburg, narradora y periodista contemporánea, que en la introducción de una de sus obras explica las dificultades que ha tenido que afrontar para escribir sus novelas, entre ellas, la de ser una mujer, y por lo tanto, de correr el riesgo de resultar “pegadiza y sentimental” (Ginzburg, 1993,), defectos que le parecían odiosos y típicamente femeninos.
Natalia Ginzburg deseba “escribir como un hombre”), y por ese motivo escoge, en su primera etapa, una forma de escritura intencionalmente impersonal y alejada, evitando toda referencia autobiográfica. Después de las primeras obras, la escritora se da cuenta que el mundo que describe no le pertenece y sus personajes no nacen de ella. A partir de ese momento el uso de la primera persona, el recurso de la memoria y el sentimiento se convierten en constantes de sus novelas: “Y desde entonces siempre, desde que usé la primera persona, me dí cuenta que yo misma, sin ser llamada, ni solicitada, me filtraba en mi escritura” (Ginzburg, 1993).
Tampoco la literatura feminista, que denuncia las desigualdades e ilustra la lucha de la mujer por ver reconocidos, primero su dignidad y después sus derechos, ha sido practicada sólo por mujeres. Ya en el Renacimiento italiano existen una serie de tratadistas (Cortegiano con sus Diálogos, Lando con las Forciane disputationes, Speroni con Dignidad de las mujeres, Gelli con Circe, Stefano Guazzo con Honor de las mujeres), que rechazan el concepto de la inferioridad moral de la mujer, al tiempo que defienden la dignitas mulieris. En España Luis Vives y Fray Luis de León se insertan también en esta línea, aunque con un carácter marcadamente pedagógico.
Las diferencias entre “literatura masculina” y “literatura masculina”, más que estar relacionadas con el sexo/género de sus autores y autoras lo están con la adopción de una posición hegemónica o marginal, tradicional o innovadora, con la elección de temas que pertenecen al ámbito público o al privado, con la identificación o la subversión de los roles y los modelos culturales. Es lo que paralelamente Jonathan Culler sostiene a propósito de las posiciones que el lector o lectora pueden adoptar ante el texto, que puede asimilar contenidos más o menos femeninos o masculinos, independientemente del hecho se ser hombre o mujer (Culler, 1982).
La idea central, tanto de los “deconstruccionistas” como de la crítica postfeminista, es que autor y lector no son sujetos neutros, universales, teóricos, sino sujetos encarnados y sexuados. Como señala Patrizia Violi “la diferencia sexual constituye una dimensión fundamental de nuestro experiencia y de nuestra vida, y no existe ninguna actividad que no esté en cierto modo marcada, señalada, o afectada por esa diferencia” (Violi, 1991). Es así como un gran número de críticas literarias opina que el género, como preferencia textual, remite a la relación que un determinado/a escritor/a mantiene con el modelo cultural dominante de la identidad femenina o masculina, y en este sentido, diferentes sectores de los women studies, han afrontado el tema del género que se inscribe en el texto.
Pasemos ahora a la cuestión de la tradición. Como señala Marina Zancan, la tradición literaria canonizada es la “historia de un pensamiento masculino”, no sólo por la ausencia de escritoras, sino también porque esa tradición ha codificado lo femenino a través de temas, estilos y escala de valores (Zancan, 1998). Esta circunstancia no ha impedido que las mujeres practiquen la escritura en todas las épocas, pero sin conquistar el título de “escritoras” que sólo conseguirán, con grandes dificultades y no pocas oposiciones, a finales del siglo XIX y principios del XX.
Las escrituras de las mujeres se desarrollarán en el ámbito de lo privado durante siglos (cartas, diarios, cuadernos de apuntes, libros de familia), teniendo una repercusión escasa en la tradición cultural que, muchas veces a lo largo de la historia se ha mostrado reacia a aceptar los productos culturales que salieran de la pluma de una mujer.
Este es el caso de la crítica consagrada en Italia, que considera a las escritoras como casos aislado, y aún reconociendo el peso de algunos nombres de mujer, tienden a no atribuir ningún peso a los géneros literarios en los que éstas predominan. Por otro lado la labor, aún incompleta, de numerosas críticas ha demostrado que no sólo existe una tradición femenina de escritura creativa, sino también ensayística y erudita, en la que figuran escritoras desconocidas en los libros de textos, y una cierta continuidad en los recursos de escritura.
La crisis del papel del intelectual y la presencia de un público popular, en el que abundan también las mujeres, son las principales causas de la irrupción masiva de las escritoras en tres campos importantes de la literatura: como autoras de libros para niños, traductoras de autores extranjeros y, por último, como críticas de textos de escritoras del pasado.
A propósito de la historia de la literatura escrita por mujeres hay tres rasgos reseñables:
1. La falta de atención por parte de la critica.
2. La falta de transmisión de los textos femeninos.
3. La dificultad de las escritoras para afirmarse como tales.
La presencia real de numerosas escritoras dentro del panorama literario de los diferentes siglos, respaldada por el éxito de público de algunas obras y por el reconocimiento de premios literarios prestigiosos sobre todo en el siglo XX, no se corresponde con el espacio que se les asigna en historias de la literatura, libros de texto, antologías y repertorios bio-bibliográficos. En las diferentes historias de la literatura las autoras aparecen descontextualizadas, presentadas como casos excepcionales, fuera de las corrientes y movimientos literarios.
Una historia de la literatura que incluya a las escritoras no debiera plantearse en términos de sexo-género, sino como un problema de cultura silenciada. La cultura femenina, perteneciente a un grupo de población fuera del poder a causa de su sexo, es una cultura subalterna, que ha dialogado, pero también polemizado, con la cultura dominante. Las escritoras son las primeras que han entendido y practicado lo que ahora se llama interculturalidad, porque han tenido que manejarse con dos códigos, dos lenguajes y dos mundos diferentes que separaban lo privado de lo público, la vida del arte, la tradición oral de la escrita.
Como las escritoras han sido estudiadas como casos aislados, faltan todavía estudios que las integren en el tejido cultural de cada época. Esta operación permitirá descubrir que las escritoras jugaron un importante papel desde las cortes, salones y reuniones literarias desde el Renacimiento hasta nuestro siglo.
Queda, además, por estudiar la incidencia de la creación femenina en la cultura oficial. Se suele olvidar que algunos géneros literarios creados por escritoras, luego han entrado a formar parte del tejido de la literatura consagrada. Pero también se olvida en la historia de la intertextualidad que algunos géneros de discurso, metáforas, imágenes e ideas de gran repercusión también han sido inventadas por mujeres. En la literatura italiana el ejemplo más relevante es el de Christine de Pizan, que con su obra La ciudad de las damas, ya en el siglo XV, formuló la hipótesis de la ciudad como espacio útopico. Idea que después replanteará Campanella con La ciudad del sol, y que llegará a nuestro siglo de la mano de Las ciudades invisibles de Italo Calvino.
A continuación os ofrecemos un Cuadro en el que alfabéticamente intentamos relacionar a la mayoría de mujeres escritoras que conocemos, citando una o varias de sus obras, para facilitaros así, la búsqueda de información si queréis ahondar en sus biografías y bibliografías:
AUTORAS TÍTULO ALDECOA, Josefina R. La fuerza del destino ALLENDE, Isabel De amor y sombra ÁLVAREZ, Julia ¡ Yo ! AMAT, Nuria La intimidad ANGLADA, MªÁngels Los cercados BARRIOS, Nuria Amores patológicos BECCARIA, Lola La debutante CARRANZA, Maite Frena, Cándida, frena CASTEDO, Elena El paraíso CERDA, Martha Toda una vida CHACEL, Rosa La sinrazón CHASE, Cristina Almas de ante azul COHEN, Emma Loca Magnolia CONDE, Carmen Soy la amante COVITO, Carmen De por qué los puercoespines ... DÍAZ-MAS, Paloma La tierra fértil DIOSDADO, Ana Igual que aquel principe DOÑA, Juana Desde la noche y la niebla DUJOVNE, Alicia El árbol de la gitana FALCÓN, Lidia Postmodrnos FERNÁNDEZ, Cristina El año de gracia FERNÁNDEZ, Montserrat El ultimo verano FERRÉ, Rosario Vecindarios excéntricos FORMICA, Mercedes A instancias de parte FREIXAS, Laura Último domingo en Londres GARCÍA M., Adelaida Mujeres solas GARCÍA-LLIBERÓS, M. Equívocos GARCÍA-MARES, Sofía Doña Quijota de Galicia GIMÉNEZ, Alicia Día de perros GLANTZ, Margo Las genealogías GONZÁLEZ, Eladia Quién como Dios GONZÁLEZ, Paloma Los cinco Anks GOPEGUI, Belén La conquista del aire GRANDES, Almudena Malena es un nombre de tango GUTIÉRREZ, Menchu La tabla de las mareas IRISARRI, Angeles Las damas del Fin del Mundo JANÉS, Clara Los caballos del sueño LAFORET, Carmen Nada LEÓN, Mª Teresa Una estrella roja LINARES, Concha Esfinge dorada LINDO, Elvira El otro barrio LOYNAZ, Dulce Mª Jardín LYNCH, Marta Los dedos de la mano MARTÍN GAITE, C. Lo raro es vivir MASTRETTA, Ángeles El mundo iluminado MATUTE, Ana Mª Luciérnagas MAYORAL, Marina Dar la vida y el alma MÉNDEZ, Gloria El informe Kristeva MINGOT, María Jesús El vértigo de las cuatro y media MOIX, Ana María Vals negro MOLINA, Josefina Cuestión de azar MONSÓ, Imma Nunca se sabe MONTERO, Mayra Del rojo de su sombra MONTERO, Rosa El nido de los sueños MORO, Pilar Deja que lo cuente MULDER, Elisabeth Alba Grey NAVALES, Ana Mª Cuentos de Bloomsbury NEUMAN, Lilian Levantar ciudades O´WISIEDO, Mayrata Una taza de té en mi jardín OBLIGADO, Clara Si un hombre vivo te hace llorar OCAMPO, Silvina La furia y otros cuentos OLIVER, Mª Antonia El sol que engalana ORTIZ, Lourdes Fátima de los naufragios PEDRAZA, Pilar La bella enigma y pesadilla PEREDA, Rosa La sombra del gudari PERI ROSSI, Cristina Los museos abandonados PIERNA, Milagros Ángel de agosto PONIATOWSKA, E. La flor de lis POSADAS, Carmen Pequeñas infamias PUÉRTOLAS, Soledad A la hora en que cierran los ... QUIROGA, Elena Escribo tu nombre RECIO, Consuelo Madrid blues RICO GODOY, Carmen La costilla asada de Adán RICO, Lolo Si yo fuera rica RIERA, Carmen Tiempo de espera RIVERA DE LA CRUZ, M. Que veinte años no es nada RODORETA, Mercé Aloma ROIG, Montserrat Dime que me quieres aunque sea... ROMA, Pepa Mandala ROSETTI, Ana Pruebas de escritura RUBIO, Fanny El Dios dormido SALISACHS, Mercedes La voz del árbol SÁNCHEZ ANDRADE, C. Las lagartijas huelen a hierba SÁNCHEZ, Clara El palacio varado SÁNCHEZ, Margarita La otra SANTIAGO, E. El sueño de América SANTOS, Care Okupadas SANZ, Blanca Aquellas costas de Inglaterra SERRA, Berta El otro lado del mundo SERRANO, Amparo Mujeres de mármol SERRANO, Marcela Nuestra señora de la soledad SORIANO, Elena Mujer y hombre STEIMBERG, Alicia Cuando digo Magdalena SUÁREZ, Karla Silencios ZAMBRANO, María Senderos Hijas y padres Madres e hijas Mujeres al alba Novelas breves de escritoras españolas 1900-1936 AGUADO, Neus Ginebra en bruma rosa AGUILAR, Liliana Clases de lenguaje AGUIRRE, Francisca La otra música AGUSTINI, Elvira Los cálices vacíos ANDREU, Blanca El sueño oscuro BARBERO, Teresa En las manos de Albertina CANELO, Pureza El barco de agua CANTARERO, Rocío Por la vida, cuerpo a cuerpo CASTRO, Luisa Los hábitos del artillero CHACEL, Rosa Poesía (1931-1991) CONDE, Carmen Memoria puesta en el oido GARCÍA, Concha Ayer y calles GÓMEZ ALONSO, A. La isla mágica GRACIA, Teresa Meditación en la montaña (liras) GUZMAN, Almudena Calendario IGLESIAS, Amalia Memorial de Amauta JANÉS, Clara Rosas de fuego LACASA, Cristina Ramas de la esperanza LAGOS, Concha Antología LOYNAZ, Dulce Mª Últimos días de una casa LUQUE, Aurora Carpe noctem PERI ROSSI, C. Babel Barbara RINCON, Mª Eugenia Frontera en la sombra ROMERO YEBRA, Ana El llanto de Penélope SEGURA, Many Cuaderno de viajes VALDÉS, Zoe Cuerdas para el lince Ellas tienen la palabra CÁNOVAS, Elena Mal bajío DIOSDADO, Ana Los comuneros FALCÓN, Lidia El teatro breve de Lidia Falcón FERNÁNDEZ, C. Hermanas de sangre HIBERNIA, Eva Los días perdidos ISTARÚ, Ana Baby boom en el paraíso LARAGIONE, Lucía Cocinando con Elisa LEÓN, Mercedes Toque de queda LINDO, Elvira La ley de la selva LUCA DE TENA, M.L. Un millón por una rosa MARTÍNEZ, María Teatro escogido ORTIZ, Lourdes Las murallas de Jericó PEDRERO, PALOMA El color de agosto REINA, Mª Manuela Un hombre de cinco estrellas RESINO, Carmen Las niñas se San Ildefonso ROMERO, Concha Así aman los dioses VILALTA, Maruxa Jesucristo entre nosotros BARRECA, Regina Maridos perfectos...... BRADFORD, Barbara T. Las mujeres de su vida BROWN, Rita Mae Almas gemelas CAMILLERI, Andrea La ópera de Vigatá CARRINGTON, L. Memorias de abajoi CARTER, Ángela La cámara sangrienta CHADWICK, Elisabeth La sangre de los cátaros CLARK, Mary Higgins Un grito en la noche COONEY, Eleanor Engaño COOPER, Louise El iniciado CROSS, Donna W. La papisa DANGAREMBGA, Tsitsi Las cuatro mujeres que amé DAVIS, Lindsey ¡ A los leones ! DIAMANT, Anita La tienda roja DU MAURIER, Daphne Rebeca DURRANI, Tehmina Mi señor feudal FRAME, Janet Rostros en el agua FRANK, Suzanne Sangre en el Nilo GARCÍA, Cristina Soñar en cubano GOULD, Judith Para siempre GUNN, Kirsty El recuerdo GUR, Batya Un asesinato literario HAUSER, Marianne Las memorias del extinto sr... HINTON, Susan E. La ley de la calle HOLMAN, Sheri La lengua robada IRWIN, Margaret Felipe II y la princesa cautiva JAIVIN, Linda Cómeme JAMES, P.D. Hijos de hombres JONG, Erica Miedo a volar KINCAID, Jamaica La autobiografía de mi madre KINGSOLVER, Barbara Árboles de judías KLÉBER, Eugenia Algo se ha roto LAURENCE, M. Los habitantes del fuego LESSING, Doris Dentro de mí LIM, Catherine El amuleto de jade LURIE, Alison Amigos imaginarios MAcDONALD, Ann M. Arrodíllate MALLOWAN, Agatha C. Ven y dime como vives MARTÍNEZ, Demetria Lengua madre MEHTA, Gita Sutra del río MITCHELKL, M. Lo que el viento se llevó MORRISON, Toni Paraíso MORTIMER, Penelope La torre MULROONEY, Gretta Arabia MUNRO, Alice Amistad de juventud MURDOCH, Iris Una rosa silvestre NIN, Anais Incesto O´BRIEN, Edna Noche O´SHEA, Pat Los perros de la M´rrígan OZEKI, L. R. Carne PANG-MEI, N. Chang Pies vendados y traje ... PARETSKY, Sara Órdenes mortales PARSONS, Julie Mary, Mary phillips, J.a. Campamento de verano PROULX, E.A. Los crímenes del acordeón PURVES, Libby Como no ser una madre.. RABINYAN, Dorit Novias persas RICHARDS, E. Todos los días SHREVE, Anita Extraños arrebatos de amor... SONTAG, Susan Yo, etc STEWART, Mary La mansión embrujada BEAUVOIR, Simone de La mujer rota BOSSI, Isabella Amigas enemigas CAPRIOLO, Paola El palco vacío CARRANO, Patrizia ¡ Bésame tonto ! CERATI, Carla La mala hija CERVON, Jacqueline Barril de pólvora CLÉMENT, Catherine El viaje de Teo COLETTE Dúo CONDÉ, Maryse Yoo, Tituba, la bruja negra ... CORDELIER, Jeanne La escapada D´AUTUN, Géraldine Escándalos inconfesables DESARTHE, Agnés Un secreto sin importancia DESPENTES, Virginie Perras sabias DESPLECHIN, Marie Retrato de Olivia DETAMBEL, Régine Jardín cerrado DI LASCIA, M. La audacia, el silencio DJEBAR, Assia El blanco de Argelia DURAS, Marguerite Emily L. FREDRIKSSON, M. La historia de Simon GALLMANN, Kuki Siempre soñé con África GORDIMER, Nadine El salto HALASI, María Primer reportaje KINKEL, Tania Reina de trovadores LAMBLIN, Bianca Memorias de una joven.... LE GUN, U.K. Cuatro caminos hacia el perdón LEE, Lilian La última princesa de Manchuria MALLET-JORIS, F. Divina MARAINI, Dacia Voces MELO, Patricia Killer MERKEL, Inge Ulises y Penélope MITGUTSCH, W.A. Entre mujeres MOKEDDEM, Malika Sueños y asesinos MORAZZONI, Marta La joven perla MOURAD, Kenizé De parte de la princesa muerta MULLER, Herta La bestia del corazón NASRIN, Taslima La hermana de Nupur NDIAYE, Marie La hechicera NEMIROVSKY, Iréne Fogatas ORTESE, Anna Maria El colorín afligido PROVOOST, Anne La caída RAVERA, Lidia Nadie en su sitio SAINT PHALLE, N. De Hoteles literarios SOUZA, Patricia de La mentira de un fauno ZOCCHI, Chiara Olga CIXOUS, Heléne La toma de la escuela de ...
MÚSICAS
La investigación feminista en música se inicia con un considerable retraso respecto a otras disciplinas de humanidades como la literatura o el cine y no se desarrolla plenamente como una nueva corriente crítica hasta finales de la década de los '80 y los años '90. Desde finales de los '70 las feministas comienzan a plantear una revisión de género en un gran número de disciplinas y a desarrollar teorías que les permitan llevar a cabo esta tarea, pero en musicología debemos esperar hasta la década siguiente para que sean publicadas las primeras historias de la música de las mujeres.
Estos estudios son fruto del trabajo de musicólogas anglosajonas como Diane Peacock Jezic, Judith Tick, Karin Pendle o Carol Neuls-Bates, y responden al interés de éstas y otras autoras por re/descubrir y dar a conocer las prácticas musicales de las mujeres.
El objetivo de estas investigaciones, que se enmarcan en la llamada compensatory history o "historia contributiva", se centra más en recuperar la labor histórica de las mujeres en la música que en realizar un análisis en profundidad de las causas que han llevado a su invisibilidad, si bien se plantean ya algunas de las cuestiones que se investigarán en los '90, cuando surge la musicología feminista propiamente dicha.
Las bases de esta nueva línea de investigación quedan establecidas a principios de la década con las aportaciones de autoras tan importantes como Susan McClary, Feminine Endings. Music, Gender and Sexuality (1991), Marcia Citron, Gender and the Musical Canon (1993) o Ruth A. Solie, Musicology and Difference. Gender and Sexuality in Music Scholarship (1993).
Las musicólogas feministas proponen una línea de acción abiertamente política para acabar con la discriminación de género de la musicología tradicional. En primer lugar, reconocen la importancia de la labor de recuperación histórica de las mujeres músicas llevada a cabo en la década anterior, porque consideran que la existencia de una tradición musical femenina es fundamental para legitimar y fomentar el trabajo de las mujeres músicas del presente y del futuro. Además, enfatizan la necesidad de re/evaluar las experiencias y prácticas musicales de las mujeres y de investigar las estrategias desarrolladas por éstas para luchar contra los presupuestos patriarcales del discurso musical tradicional, de manera que puedan ofrecerse modelos femeninos positivos que estimulen la participación de otras mujeres en la música.
Finalmente, las musicólogas feministas apuntan a la necesidad de crear una red de comunicación entre las mujeres que se dedican a la actividad musical, no sólo en el ámbito académico sino también en el de la creación, interpretación, industria, difusión, etc .... para facilitar el intercambio de información y desarrollar una política de apoyo a la actividad de las mujeres músicas.
El logro de estos objetivos pasa por la deconstrucción del discurso musical tradicional y, por extensión, de toda la base del pensamiento occidental y su estructura de pares opuestos. Las implicaciones de este sistema tienen consecuencias siempre negativas para las mujeres ya que éstas se encuentran en la posición de la "alteridad" o la "otredad" dentro de las oposiciones binarias, y son siempre definidas por oposición a los "masculino", que es el término que ostenta el poder de decidir lo que está dentro de la "norma" y lo que está fuera de ella. De este modo podemos resumir todo el sistema en la oposición control (masculino) / fuera de control (femenino).
La música se ha considerado tradicionalmente como un lenguaje universal y trascendental que está por encima de cuestiones sociales y políticas, por lo que su estudio se ha centrado en el análisis de la "propia música", es decir, en el análisis sintáctico de las partituras. Este acercamiento positivista ha desvinculado a la música de su contexto y la ha convertido en un objeto de análisis científico independiente de condicionamientos mundanos como el género, la raza, la clase social, la edad, la identidad sexual y las relaciones de poder implícitas en estas categorías.
En este sentido se considera que la música absoluta es "la más musical de todas" y las características adscritas a ella se han constituido en pautas de valoración del resto de las prácticas musicales. Uno de los primeros objetivos de las investigaciones musicológicas realizadas desde un punto de vista feminista ha sido sacar a la luz las construcciones de género presentes en este discurso y la forma en que ha sido legitimado por la musicología tradicional.
La relación de la música con los sentimientos y con lo irracional, ya desde la Antigüedad, hace que adopte una posición femenina y, por tanto, negativa. Para "rescatarla", la teoría de la música ha tenido que recuperar su control convirtiéndola en una disciplina racional y autónoma susceptible de una análisis científico. La consecuencia ha sido la negación de los aspectos físicos de la música, de su relación con el cuerpo humano y con la sexualidad, imponiendo sobre ella restricciones similares a las que han sufrido las mujeres. La musicología feminista, para deconstruir la noción de la música "autónoma y trascendental", ha puesto énfasis en la definición de la música como una práctica, remitiéndola así a los sujetos que la crean y re/crean, personas con cuerpo y sexualidad, y por tanto, a su entorno social, político y económico.
Las musicólogas feministas consideran también fundamental el desarrollo de una teoría de la significación musical como una forma más de contextualizar a la música y acabar con el mito de la "universalidad". La música es un discurso cultural más que no sólo refleja la realidad en la que surge, sino que también contribuye a su creación a través de la afirmación o deconstrucción de estereotipos. La comprensión de este proceso de creación de identidades a través de la percepción musical implica el estudio de las formas de recepción de la música y de las respuestas de los oyentes. En este sentido han sido de gran utilidad las teorías literarias de Roland Barthes referentes a la intertextualidad y a la recepción como momento de la creación del significado, aunque no pueden trasladarse sin más a las prácticas musicales ya que es necesario tener en cuenta la presencia de figuras específicamente musicales como, por ejemplo, la del intérprete.
Tanto la musicología feminista como las investigaciones sobre música popular se encuentran en la posición negativa de la dialéctica de pares opuestos (masculino/femenino, culto/popular), por lo que su función ante el sistema patriarcal es muy similar. En consecuencia, ambas tienen el mismo interés en deconstruir la "naturalidad" de las ideas de autonomía, trascendentalidad, esencialismo o universalidad adscritas a la música. El canon musical occidental patriarcal se define tanto por oposición a lo femenino como por oposición a lo popular.
Los primeros pasos en los estudios sobre música popular y género fueron realizados por sociólogos antes que por musicólogos. Una referencia en este sentido es "Rock and Sexuality", de Simon Frith y Angela McRobbie (1978), artículo que suscitó un gran número de críticas y polémicas, lo que llevó a Simon Frith a revisarlo en 1985. En "Rock and Sexuality" se afirma que el mensaje sexual del rock y la supuesta liberación que propone tienen una fuerte caracterización masculina. En efecto, aunque el rock se presente como una forma de rebeldía contra el sistema de valores establecido, no deja de ser una práctica cultural e ideológica que participa de los valores del patriarcado. En consecuencia, contribuye a la difusión y afianzamiento de los estereotipos de género tradicionales.
Las afirmaciones de los autores en este artículo se refieren concretamente al contexto de las subculturas, y en él formulan su teoría sobre la "ideología del romance", subyacente en los mensajes lanzados por la música popular y según la cual las chicas son encaminadas, a través de un proceso de identificación con los modelos femeninos propuestos por la música popular, a interpretar su sexualidad en términos románticos, apuntalándola en la interiorización de valores como el compromiso, la fidelidad o el sacrificio. Por lo tanto, las chicas son dirigidas hacia el desarrollo de una identidad individual que se logra por oposición a las demás chicas, a las que consideran rivales en la lucha por el amor de los artistas. En cambio, para los chicos las posibilidades identificativas son más numerosas y se basan en una identidad grupal que se logra gracias a la identificación de los chicos de la audiencia con los artistas, logrando así participar del poder y el control ejercidos desde la posición de los músicos y creando entre ellos un sentido de comunidad. Así, las posibles identidades de género subculturales son diferentes para los chicos y para las chicas, siendo más amplias para ellos que para ellas.
Pero, este carácter liberador a que hacen referencia Frith y McRobbie en relación a las subculturas es también aparente, no real. Las subculturas se consideran un fenómeno exclusivamente juvenil, tanto para los chicos como para las chicas, lo que implica que en algún momento deberán abandonar esta etapa rebelde y "sentar la cabeza". En este sentido, la libertad masculina lograda gracias al desarrollo de una identidad subcultural subversiva es temporal. Los estereotipos conservadores de la masculinidad no desaparecen, simplemente permanecen latentes. La "ideología del romance" que lleva a las chicas hacia el matrimonio, hacia una vida familiar tradicional, no puede tener éxito sin tener en cuenta también a los chicos. Estos tal vez disfruten de más libertad durante los años que las chicas pasan preparándose para su función de amas de casa pero, en última instancia, su objetivo es también formar una familia en el sentido tradicional. La feminidad tradicional implica una masculinidad tradicional, y la mayor parte de los chicos que participaron en las subculturas más elocuentes de los años '60 y '70 acabaron interiorizando los valores de la masculinidad conservadora. Si la identidad subcultural funcionase a largo plazo, el impacto en el cambio de roles de género en la sociedad sería hoy en día más evidente.
Continuando con los estudios sobre subculturas McRobbie hace referencia, en "Settling Accounts with Subcultures. A Feminist Critique" (1980), a una de las oposiciones binarias fundamentales sobre las que se sustenta el patriarcado en general y lo que Citron denomina "patriarcado musical" en particular: el par público/privado, según el cual el espacio a ocupar por las mujeres ha sido siempre el segundo. Esta oposición está estrechamente ligada a los dos modelos extremos que han existido para las mujeres: la virgen y la prostituta. En consecuencia, una mujer que pretenda desarrollar una actividad fuera del espacio doméstico tendrá que enfrentarse a las críticas que, inconscientemente o no, descalificarán su trabajo debido a las implicaciones sexuales de la asociación mujer-esfera pública. Tanto en los estudios de música culta como en los de música popular, especialmente los estudios subculturales a los que McRobbie critica en su artículo, se privilegian las actividades que tienen lugar en el espacio público, despreciando o ignorando directamente a las que suceden en el ámbito privado, es decir, la mayor parte de las actividades de las chicas. Así se mantiene, de forma aparentemente "natural", la invisibilidad de las mujeres en las prácticas musicales.
Las restricciones materiales a las que tanto mujeres como hombres han de hacer frente cuando pretenden participar de forma práctica en la creación e interpretación de música popular (necesidad de tener dinero para comprar equipo, tiempo para tocar, espacio para ensayar ...), sumadas a las restricciones ideológicas específicas de género, como por ejemplo la ideología del romance o la codificación masculina de los conocimientos técnicos, tienen un impacto muy negativo en la participación de las mujeres en la música.
Mavis Bayton ha investigado estos factores desde un punto de vista antropológico y ha puesto por escrito los resultados obtenidos en un interesante libro titulado Frock Rock. Women Performing Popular Music (1998), en el que afirma que el hecho de que el control sobre la producción y la difusión de la música popular sea ejercido mayoritariamente por hombres hace que el sistema de género se mantenga estable y aparentemente "natural", ya que en teoría nada impide a las chicas participar en la música popular. Por esta razón es tan importante prestar atención a los mecanismos más sutiles que llevan a la marginación de las actividades musicales de las mujeres.
En este sentido resulta interesante una apreciación que Lucy Green introduce en su publicación Music, Gender, Education (1997), en la que afirma que las connotaciones de género en la música siempre han existido, pero no son percibidas porque se consideran "naturales", al menos cuando nos referimos a la música que no contradice los preceptos canónicos patriarcales. Pero cuando alguna de las categorías es subvertida desaparece la ilusión de trascendentalidad de la música y se hace evidente su relación con los sujetos que la crean y, por tanto, con su contexto social e histórico. En lo referente al género, Green afirma que, en la música canónica, tanto popular como "culta", las connotaciones de género están ahí pero no las "escuchamos", escuchamos a través de ellas.
A la hora de tratar el tema de la investigación feminista en la música popular durante la última década es necesario volver al trabajo de Susan McClary y Angela McRobbie. Estas autoras aportan una visión positiva y actual de la creación musical en los '90 aplicando un punto de vista postmoderno y postfeminista en sus estudios, lo que les permite desarrollar una visión amplia y múltiple de la compleja realidad contemporánea. En "Shut up and Dance: Youth Culture and Changing Modes of Femininity" (1993) McRobbie afirma que la relación entre las mujeres y la música en la última década se asienta sobre un cambio en la concepción de la feminidad.
La nueva generación de mujeres ha interiorizado los presupuestos del feminismo pero rechaza la imagen estereotipada y negativa de la feminista. En consecuencia, la feminidad ya no es el opuesto del feminismo. La ideología del romance ya no tiene tanto peso como en décadas anteriores ya que las chicas han desarrollado un nuevo clima de autoconfianza que las impulsa a centrar más la atención en sí mismas y menos en los chicos. Así, surge un nuevo tipo de feminidad menos estable que favorece la adopción, típicamente postmoderna, de múltiples posiciones subjetivas a través de una creciente cultura del consumo. La feminidad en la década de los '90, tras el impacto y la difusión de la ideología feminista, se define de manera más independiente, en un ambiente de relaciones más equitativas entre hombres y mujeres que permiten la re/negociación tanto de la identidad femenina como de la masculina, contribuyendo así al desdibujamiento del sistema de oposiciones binarias.
McClary, en su publicación más reciente, Conventional Wisdom. The Content of Musical Form (2000), ofrece una lectura positiva de la música de las dos últimas décadas, afirmando la necesidad de valorar no sólo la música sino toda la cultura actual a través de un prisma postmoderno, ya que la aplicación de criterios tradicionales que dan relevancia a las nociones de progreso, innovación o autenticidad arrojará una visión negativa de las prácticas culturales contemporáneas.
A pesar de todo, estos criterios continúan teniendo un gran peso en la forma de valorar la música popular, lo que McClary explica trazando una línea que parte de la ideología romántica decimonónica y llega hasta el rock de los '60, al que califica como "la fase modernista de la música popular", dado que adoptó los valores de progreso, autenticidad e individualismo transmitiéndolos a este tipo de música. McClary opina que la creatividad actual no consiste en encontrar lenguajes que se opongan a otros ya establecidos, sino en tomar elementos existentes en la sociedad y fusionarlos dándoles significados diferentes. Es una creatividad postmoderna que juega con las convenciones y desarrolla un nuevo sistema de valores basado en la celebración de la multiplicidad.
Esta creatividad postmoderna de la que habla McClary y el ambiente postfeminista al que hacía referencia McRobbie son las claves para entender gran parte de la subversión que llevan a cabo las mujeres en la música popular actual. Con el postfeminismo la lucha contra el sexismo deja de hacerse por abierta oposición, lo que tendría consecuencias negativas, y se desarrolla un tipo de crítica más sutil hacia el sistema patriarcal (que a su vez, y tras la segunda ola del movimiento, se ha hecho también más sutil en su discriminación hacia las mujeres) que, camuflada tras una aparente intrascendencia, logra más eficazmente su objetivo. Las armas que emplea la acción postfeminista son la ironía, la parodia y el humor. La crítica postfeminista a través del juego y la diversión se revela como una estrategia eficaz para combatir prejuicios patriarcales que, tras los logros feministas anteriores, son en la actualidad menos evidentes. El postfeminismo no es el fin del feminismo sino un cambio en la forma de luchar contra el patriarcado.
Así, se demuestra que no sólo en la música absoluta encontramos un discurso de género discriminatorio y plagado de estereotipos sexistas, sino que en una práctica musical supuestamente "revolucionaria" como es la música popular, descubrimos que el sistema de género permanece estable. El objetivo de los estudios feministas de la música popular ha sido sacar a la luz los mecanismos de género presentes en dicha música y descubrir, por un lado, las posibilidades de subversión que podría ofrecer este tipo de música estudiando su papel en los procesos de creación de identidades y, por otro, estudiar las formas reales de subversión de género que se llevan a cabo en la música popular hecha por mujeres.
En este sentido ha sido necesario realizar antes un cambio en la concepción de la subversión femenina y feminista en la música desarrollando una nueva conceptualización de la lucha feminista más acorde con las nuevas generaciones de mujeres (que han interiorizado los pilares del feminismo pero que rechazan la imagen estereotipada y negativa de la "feminista"), relacionándola luego con la música de las mujeres (y de los hombres) en los '90. Se hace evidente así que el "post-feminismo" resulta una forma más adecuada de entender la lucha contra el sexismo.
Pero a pesar de los logros de la musicología feminista en lo referente a la música absoluta y, más especialmente, en lo referente a la música popular, no debemos ser excesivamente optimistas. Los estudios culturalistas, postmodernistas o feministas han logrado su objetivo de ampliar el campo de estudio académico. Ya no es necesario justificar una investigación sobre música popular y los estudios académicos se han beneficiado enormemente de la introducción de estas nuevas perspectivas. Pero ahora es necesario compartir estas investigaciones con los músicos y los oyentes, con las personas cuyas prácticas estudiamos, ya que no tiene sentido mantener esta incomunicación cuando estamos investigando fenómenos culturales actuales.
Las conclusiones de los investigadores llegan a un número muy limitado de personas, por lo que la oposición académico/popular no se ha deconstruido, sino que se ha llevado lo popular al terreno de lo académico. Esto se traduce en estudios sobre música popular que resultarían incomprensibles (cuando no absurdos) para la mayor parte de las personas que mantienen algún tipo de relación con este tipo de música.
De poco sirve que Angela McRobbie formule su teoría sobre la ideología del romance si las chicas y chicos adolescentes a los que concierne no tienen conocimiento de ella. De la misma manera, la lectura que Susan McClary hace de "Live to tell" de Madonna tal vez tendría más relevancia si contase con la opinión al respecto de la propia Madonna o de sus fans. Es muy probable, incluso, que las conclusiones de estas académicas fuesen contestadas y/o modificadas tras la introducción de estos puntos de vista. Es necesario, en definitiva, dar una voz propia a las personas que toman parte en cualquiera de los aspectos de la música popular ya que, hasta el momento, la mayor parte de los investigadores han estado hablando por ellas.
En conclusión, las feministas pretenden devolver a la música su propia "voz", rescatándola de las restricciones que le han sido impuestas por los presupuestos patriarcales de la musicología tradicional. Quieren devolverle su dimensión placentera a través de la inclusión del cuerpo y la sexualidad en su creación, interpretación y recepción. En este sentido consideran fundamentales las aportaciones de las mujeres como forma de liberar a la música y como una forma alternativa de acercarse a ésta que será beneficiosa para mujeres y hombres por igual. No buscan la inclusión de las mujeres en la historia de la música tradicional ni la igualdad con los hombres, ya que esto supondría que las mujeres aceptan que la "norma" es mejor; buscan una nueva forma de entender la música basada en los presupuestos postmodernistas de la multiplicidad y la fragmentación, que tenga en cuenta las diferencias no sólo de género sino también de raza, clase social, edad, orientación sexual, etc ..., y que permita el desarrollo de diversos puntos de vista y no la exclusión de unos a favor de otros.
MAESTRAS DE LA MÚSICA EN LA ANTIGÜEDAD:
MAESTRAS DE LA MÚSICA EN LA EDAD MEDIA
Azalais de Pecairagues
MAESTRAS DE LA MÚSICA DEL RENACIMIENTO:
- Tarquinia Molza
- Madre Gracia Bautista
- Francesca Caccini
Isabella Leonarda
MAESTRAS DE LA MÚSICA DEL BARROCO:
- Élisabeth Jacquet de la Guerre
- Bárbara Strozzi
- Nannerl Mozart
Fanny Mendelssohn
MAESTRAS DE LA MÚSICA DESDE EL ROMANTICISMO A LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA:
- Clara Schumann
- Carlotta Ferrari
- Andrea Elfrida
- Ángela Peralta
- Teresa Carreño
- Alma Mahler
- Lily Boulanger
- Nadia Boulanger
- Germaine Tailleterre
- Claude Arrieu
- Alma Rosé
- Mely Duver
Rosario Marciano
CINEASTAS
En la sociedad globalizada y mediática en la que vivimos, el poder y el dominio se sustentan en gran medida en el control de la información y el entretenimiento.
Todo esto se da en el entorno de democracias liberales con la capacidad de generar industrias de recreo transnacionales tan poderosas como la del cine. Actualmente consumimos más películas que en ningún momento de la breve historia del llamado séptimo arte. Televisiones gratuitas, de pago, salas de exhibición, videos, DVD y otros formatos reproducibles, nos permiten disfrutar de una oferta imposible de digerir a lo largo de nuestra vida.
Sin embargo, esta ingente producción presenta la particularidad de que resulta poco diversa en sus temáticas y sus formas narrativas --señala Raimundo Fernández en un artículo en la página web de Mujeres en Red, en el que hace una interesante aproximación a la relación del cine--, y de que la escasa creación de calidad que se distancia de estos modelos estándares, apenas se exhibe y se distribuye en salas de cine. En cuanto a las televisiones, sólo algunos canales de pago y emisoras públicas emiten estas producciones y en la mayoría de los casos en horas de madrugada.
Esta poderosísima industria del entretenimiento está dominada -como casi todas- por hombres y produce un gran número de películas anuales, la inmensa mayoría dirigidas y protagonizadas también por varones heterosexuales. La escasez de cintas producidas, dirigidas y/o protagonizadas por mujeres es una manifestación más de una sociedad que todavía no ha completado el largo camino hacia la plena igualdad de oportunidades.
DEPORTISTAS
En Grecia subsiste el recuerdo de mujeres deportistas que participaban en juegos públicos. A este respecto comenta VIÑUALES, pg. 50: “La creencia, muy extendida, de que en la civilización griega prevalecía la guerra y los deportes masculinos es, en parte, un error proyectado al pasado desde nuestro propio mundo.”
Un ejemplo se ilustra en el relieve de mármol del siglo I. Aunque curiosamente en ciertas regiones ciertas conductas evidencian la permanencia de costumbres matriarcales. En referencia de ANTONIO BLANCO (1986, 23): “La mujer doria gozaba de una libertad de movimientos incluso para hacer deporte completamente desnuda, que escandalizaba a los demás griegos“.
A la época pregriega pertenece la Tespíada/Diosa (Beocia) Hipodromea adorada en su Templo Hipodromión, dio nombre al mes Hipodromios / julio-agosto “Mes de Carreras de Caballos” y al lugar para la carrera de équidos: Hipódromos. Y las varias Heroínas llamadas Hipodamía “Domadora de Équidos” (Damia “Domadora” e hippos = équido, yegua), profesión típica femenina entonces, que participaban en carreras de carros de équidos y las Deidamias. Entre ellas:
Hipodamía, princesa Deificada, que instituyó los juegos en Olimpia de Elis, incluidos en las fiestas “Heraeas” en honor de la Diosa Hera Olimpia en los que las jóvenes disputaban premios en carreras. Ella fue la primera que alcanzó un premio en carreras a pie (en otra versión suponen que la primera vencedora fue Cloris). Las vencedoras alcanzaban corona (= cons. Corona Boreal o Austral). De los nombres de las Diosas Niké (nico) y Nemea deriva el de los vencedores de los juegos: nemeonicos (a los cuales se les daba corona de apio) y otros se llamaban hierónices / hierónicos (de hieros = sagrado y Niké = Victoria).
En Olimpia tenía un Santuario llamado Hipodamión, en el que se celebraban fiestas “Hipodamias”. Otra Hipodamia, era hija del Rey de Elida Oemen/Enomao, que fingiendo buscar un esposo para ella, propuso concurso de carro de équidos (¿1 de febrero, matutina Pegaso) y los perdedores morían. Al fin alcanzó la victoria y su mano Pelops/ Pélope (día de Labrado, cuando había más bodas), al que aportó como dote una colina de La Elida [el mito es paralelo al de Atalanta: ambas princesas de un reino cuyo trono se heredaba por vía matrilineal y el trono lo ocupaba el esposo: son por tanto “Dadoras de Soberanía” en la época de transición al patriarcado].
En el caso de Pelops/Pélope, alcanzó la victoria y su mano al competir en la carrera con Enomao y fraudulentamente estropearle el carro. Después se casó con Hipodamia, dio su nombre al Peloponeso. Y para perdonar su traición y el asesinato de su suegro, se dice que instituyó los juegos olímpicos en honor de Zeus (oído en TV española el 1 de agosto de 2004). En realidad en principio los juegos olímpicos “Olimpíadas” se celebraban en Olimpia, La Élida cada cuatro años en honor de la Diosa HERA OLIMPIA en la primera Luna llena tras el solsticio de verano del 21de junio.
Formaban parte de las fiestas “Heraeas” instituidas por Hippodamia, y eran presididas por las Sacerdotisas Olimpíadas. Lo que evidencia que Pelops sustituyó “machistamente” los juegos instituidos por la princesa Hipodamía y celebrados en honor de la Diosa Hera Olimpia, por los juegos en honor de Zeus.
En principio en las “Olimpíadas” participaban las jóvenes, pero con el tiempo adquirieron un carácter totalmente machista. A los espectáculos las mujeres casadas no podían ni siquiera asistir, ya que de hacerlo se las castigaba con la ¡pena de muerte!. Aunque aún la Sacerdotisa Elea de la Diosa Demeter, tenía derecho a ocupar un lugar de honor.
Y todavía mujeres solteras podían entrar y salir libremente de los espectáculos y podían participar en carreras y aspirar a los premios. Se sabe que en el año 464 a.C. la espartana Cynisca disputó el premio de la carrera en Olimpia conduciendo un carro de cuatro équidos y lo ganó. Y curiosamente fue Atalanta de La Arcadia la que se convirtió en “una atleta”, palabra que deriva de su nombre, la que dio nombre a todos los practicantes de ejercicios “atléticos”.
En el año 2000 y en la versión XXVII de los Juegos Olímpicos Modernos en Sydney se cumpleron 100 años de la primera participación femenina en los juegos de la II Olimpíada de 1900.
Las mujeres empezaron a competir en pruebas de Golf y de Tenis en 1900 en París; en 1904 en San Luis se añadió el / Tiro con Arco. Las mujeres también participaron en las regatas de vela y Patinaje Artístico en los Juegos de 1908.
La jugadora de tenis británica, Charlotte Cooper (foto), fue la primera mujer en obtener el primer puesto en una Olimpiada moderna (ganar una medalla de oro, hablando simbólicamente pues no se premiaba aún con medallas en aquellos Juegos).
¿Por qué el creador de los Juegos Olímpicos Modernos no permitía la participación de las mujeres en la Competencia? ¿Acaso pretendía él “protegerlas”? O sería su formación sexista o como dice Yves Boulonne en la página 25 de la revista Olímpica de Febrero-Marzo de 2000 al referirse a que es el hogar el espacio del cual la mujer no debe alejarse so pena de que su moral sufra las consecuencias; el hombre le reconoce deberes más que derechos: "Es la ley de la casa, esa fue la imagen dominante de la madre que Coubertin recibió durante su educación escolar, y ésa fue también la imagen de la mujer que le presentó la ciencia francesa de la época".
Cabe preguntarse por Coubertin, su época, su clase, su educación y sobre todo su vasto conocimiento del pueblo griego, lo que muy seguramente lo influyeron para mantener su posición discriminatoria. A manera de inventario podría también preguntarse ¿qué papel social jugaba la mujer en el mundo en 1800?
Coubertin, muy a su pesar ve cómo la mujer empieza a participar en los Juegos Olímpicos de 1900 en número no superior a 24 y en cinco deportes. En los Juegos de la XXVII Olimpíada en Sydney, las mujeres competieron en 25 de los 28 deportes incluidos en el programa. El 38% de los 10.382 atletas inscritos, fueron mujeres.
En toda la historia de los juegos Olímpicos Modernos (de 1900 a 1996) de Verano el porcentaje de participación femenina es de 17,55% (13.988), sobre un total de 79.702 hombres, mientras que en los Juegos de Invierno (de 1908 a 1998) es de 21,85% (2.908) sobre un total de 13.310 participantes.
En Atenas 2004, España tuvo una representación de 140 mujeres deportistas frente a 181 hombres, es decir un 43, 61 %. Por la importancia paritaria de esta representación, reproducimos a continuación el listado de las mujeres que compitieron en estos Juegos Olímpicos, recomendando para saber más sobre sus biografías, conectar con la página del Comité Olímpico Español (www.atenas2004.coe.es).
- Ainhoa Murua Zubizarreta / Triatlón
- Alice Matejková Hohnová / Atletismo
- Alicia Sanz Rodríguez / Natación, Sincronizada
- Aliuska Yanira López Pedroso / Atletismo
- Almudena Cid Tostado / Gimnasia, Rítmica
- Almudena Gallardo Vicente / Tiro con Arco
- Amaya Valdemoro Madariaga / Baloncesto
- Ana Belén Palomo Jiménez / Natación
- Ana Burgos Acuña / Triatlón
- Ana Isabel Medina Garrigues / Tenis
- Ana Montero Pacheco / Natación, Sincronizada
- Ana Raquel Pérez Galindo / Hockey
- Andrea Fuentes Fache / Natación, Sincronizada
- Arantxa Ramos Plasencia / Natación
- Arantxa Sánchez Vicario / Tenis
- Barbara González Oteiza / Gimnasia, Rítmica
- Barbara Malda Salinas / Hockey
- Beatriz Ferrer-Salat Serra di Migni / Hípica
- Beatriz Manchón Portillo / Piragüismo , Aguas Tranquilas
- Beatriz Ros Blanco / Atletismo
- Begoña García Piñero / Baloncesto
- Berta Castells Franco / Atletismo
- Blanca Manchón Domínguez / Vela
- Brigitte Yagüe Enrique Taekwondo
- Carolina Rodríguez Ballesteros / Gimnasia, Rítmica
- Cecilia Blanco García / Judo
- Conchita Martínez Bernat / Tenis
- Cora Daniela Olivero Bergese / Atletismo
- Cristina Gómez Arquer / Balonmano
- Cristina López Quiros / Balonmano
- Dana Cervantes García / Atletismo
- Diana Box Alonso / Balonmano
- Dolores Pulido Fernández / Atletismo
- Elena Gómez Servera / Gimnasia, Artística
- Elisabeth Aguilar López / Baloncesto
- Elisabeth Cebrián Scheurer / Baloncesto
- Elisabeth López Valledor / Balonmano
- Eneritz Iturriagaetxebarria Mazaga / Ciclismo, Ruta
- Erdoitza Goikoetxea Zornoza / Hockey
- Erika Villaécija García / Natación
- Esther San Miguel Busto / Judo
- Esther Termens Cañabate / Hockey
- Eva Mirones Sola / Remo
- Gema Pascual Torrecilla / Ciclismo, Pista
- Gema Peris Revert Halterofilia
- Gemma Mengual Civil / Natación, Sincronizada
- Glory Alozie Oluchi / Atletismo
- Graciela Pisonero Castro / Vela
- Ingrid Pons Molina / Baloncesto
- Irache Quintanal Franco / Atletismo
- Irina Rodríguez Álvarez / Natación, Sincronizada
- Iris María Fuentes-Pila / Atletismo
- Isabel Fernández Gutiérrez / Judo
- Isabel María Ortuño Torrico / Balonmano
- Isabel Pagán Navarro / Gimnasia, Rítmica
- Jana Smidakova Krompolcova / Piragüismo , Aguas Tranquilas
- Joane Somarriba Arrola / Ciclismo, Ruta
- Laia Palau Altés / Baloncesto
- Laura Campos Prieto / Gimnasia, Artística
- Laura Roca Montala / Natación
- Leire Santos Sanz / Natación / Saltos
- Leyre Eizaguirre Devesa / Natación / Saltos
- Lucía López Martínez / Hockey
- Maider Luengo Lasa / Hockey
- Maider Tellería Goñi / Hockey
- Maite Andreu Rodríguez / Balonmano
- Margarita Fullana Riera Ciclismo / Bicicleta Todo Terreno
- María Abel Diéguez / Atletismo
- María Antonia Sánchez Lorenzo / Tenis
- María Carlota Castrejana Fernández / Atletismo
- María del Carmen Martín González / Hockey
- María del Mar Feito Acebo / Hockey
- Maria del Monte Vasco Pes Gallardo / Atletismo
- María del Pilar Fernández Julián Tiro Olímpico
- María Dolores Sáez de Ibarra García / Natación / Saltos
- María Eugenia Sánchez Bravo / Balonmano
- María Isabel García Suárez / Piragüismo , Aguas Tranquilas
- María Jesús Rosa Durán / Hockey
- María Lucila Pascua Suárez / Baloncesto
- María Luisa Serna Barrera / Tenis
- María Peláez Navarrete / Natación
- María Quintanal Zubizarreta Tiro Olímpico
- María Teodora (Dori) Ruano Sanchón / Ciclismo, Ruta
- María Teresa Martínez Jiménez / Atletismo
- María Teresa Portela Rivas / Piragüismo , Aguas Tranquilas
- Marina Ferragut Castillo / Baloncesto
- Marina Sánchez Ferrer / Vela
- Marta Fernández Farres / Baloncesto
- Marta Linares García / Gimnasia, Rítmica
- Marta Mangué González / Balonmano
- Marta Mendía Valencia / Atletismo
- Marta Prat Calmet / Hockey
- Mayte Gargallo Gracia / Atletismo
- Melissa Caballero Ayasse / Natación
- Mercedes Chilla López / Atletismo
- Mónica Azón Canalda / Vela
- Mónica Mesalles Sallarés / Gimnasia, Artística
- Mónica Rueda Guardeño / Hockey
- Montserrat Puche Díaz / Balonmano
- Naroa Agirre Kamio / Atletismo
- Natalia Rodríguez Martínez / Atletismo
- Natalia Vía-Dufresne Pereña / Vela
- Neus Garriga Turón / Vela
- Nina Alexandrovna Zhivanevskaya Ilichiova / Natación
- Niurka Montalvo Amaro / Atletismo
- Noelia Oncina Moreno / Balonmano
- Núria Camón Farell / Hockey
- Nuria Domínguez Asensio / Remo
- Nuria Fernández Domínguez / Atletismo
- Nuria Martínez Prat / Baloncesto
- Nuria / Velasco Pardo / Gimnasia, Rítmica
- Paola Tirados Sánchez / Natación, Sincronizada
- Patricia Alonso Jiménez / Balonmano
- Patricia Moreno Sánchez / Gimnasia, Artística
- Pilar Hidalgo Iglesias / Triatlón
- Raquel Corral Aznar / Natación, Sincronizada
- Rocío Florido Florido / Atletismo
- Rocío Ybarra Solaun / Hockey
- Rosaura Sánchez Luján / Baloncesto
- Roser Vives Moya / Natación
- Ruth Beitia Vila / Atletismo
- Sandra Azón Canalda / Vela
- Sara Alvarez Menéndez / Judo
- Sara Moro de Faes / Gimnasia, Artística
- Sara Pérez Sala / Natación
- Saray Ione Serrano Alfonso / Natación, Sincronizada
- Silvia Bonastre Peremateu / Hockey
- Silvia Muñoz Escudé / Hockey
- Sonia Abejón Esteban / Gimnasia, Rítmica
- Sonia Blanco Bernal / Baloncesto
- Sonia Reyes Sáez Taekwondo
- Soraya García Leite / Balonmano
- Susana Fraile Celaya / Balonmano
- Susana Pareja Ibarra / Balonmano
- Tania Gener Cordero / Gimnasia, Artística
- Tatiana Rouba Beniarz / Natación
- Teresa Más de Xaxars y Rivero / Remo
- Tina Fuentes Fache / Natación, Sincronizada
- Vanessa Amorós Quiles / Balonmano
Virginia Ruano Pascual / Tenis
La importancia en número y en logros de las mujeres españolas en el Deporte ha llevado a que las instituciones gubernamentales reconozcan esta participación y se impliquen en acabar con la discriminación de las mujeres en el Deporte, y en su representación pública a través de los medios de Comunicación. Así el 21 de Junio de 2006, el Senado instó a potenciar la retransmisión de eventos deportivos femeninos.
El pleno del Senado aprobó con los votos de Grupo Mixto y PP una moción consecuencia de interpelación por la que insta al Gobierno a potenciar la retransmisión de eventos deportivos femeninos, tendiendo a una cobertura equilibrada del deporte femenino y masculino, así como fomentar las funciones de juez y árbitro de las mujeres en las competiciones deportivas.
El texto, que recoge una enmienda del PP para impulsar la Comisión de la Mujer del Comité Olímpico Español, plantea toda una batería de iniciativas al Ejecutivo para garantizar el derecho cívico y básico al ocio, el entretenimiento y la práctica del deporte y la actividad física, así como para favorecer la igualdad entre hombres y mujeres en el deporte.
En el ámbito educativo, plantea impulsar programas de animación deportiva en los centros educativos en horario extraescolar. La iniciativa recoge además la petición de adaptar la Ley del Deporte a la nueva realidad territorial y deportiva y a presentar esta reforma en el primer semestre de 2007, así como a doblar el gasto de los PGE para actividades deportivas.
Al mismo tiempo plantea la elaboración de un Plan de Infraestructuras deportivas, en colaboración con comunidades autónomas y ayuntamientos hasta el 2007. También contempla la elaboración de un Estatuto del Deportista profesional así como el impulso a programas de investigación y desarrollo tecnológico en el deporte. |
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